Año 24
/N°252/253 - Diciembre 2011- Enero 2012
El
rol del docente de educación técnica
en la construcción de un país para todos y
todas
Fernando J. Pisani
La Ley Federal de Educación (LFE) eliminó las escuelas técnicas
y los títulos técnicos de nivel medio. El proceso ya había
empezado antes con la ley de transferencia de los servicios
educativos de la Nación a las provincias,
la eliminación del CONET, el desfinanciamiento de la educación
técnica y, obviamente, el ataque a la industria nacional iniciado
por la Dictadura Militar de 1966, profundizado por la siguiente de
Videla/Martínez de Hoz y coronado por el menemismo y la Alianza
radical socialista con Cavallo.
La lucha y resistencia por años de docentes y directivos de las
escuelas técnicas de todo el país no alcanzó para torcer ese
rumbo, aunque sí para mantener viva la llama de la ET. Fue necesaria
la crisis del 2001 para que todo el mundo se diera cuenta hacia dónde
conducían las políticas neoliberales, pero recién con el
advenimiento del gobierno de Néstor Kirchner las escuelas
encontraron un interlocutor y a su mejor defensor. Así que en el
2005 parimos una nueva ley que echaba por tierra a la LFE, que
seguía vigente aunque ya no para las escuelas técnicas, centros de
formación profesional e institutos superiores técnicos que ya
tenían una legislación propia: La Ley de Educación Técnico
Profesional (LETP)
Pero claro, destruir es fácil y reconstruir no. Algunas
provincias comenzaron el trabajoso proceso de reconstrucción del
sistema educativo -con sus más y sus menos-, elaborando leyes,
recuperando materias como historia, física, química, geografía,
biología, eliminadas en la EGB3 debido a la política de
primarización de la secundaria propiciada por los académicos y
políticos del neoliberalismo. Otras provincias, como el caso de
Santa Fe, se negaron en los hechos a implementar la ley
que habían votado en contra y aún siguen vigentes los planes de
estudio de la Ley Federal: EGB3, Polimodal y TTP y siguen prohibidos
y sin aprobar los títulos claves para un país que necesita
reindustrializarse como Técnicos Mecánico, Electricista, Químico,
Refrigeración y Aire Acondicionado, entre otros. Títulos cuyos
documentos de homologación están aprobados hace varios años por la
Nación,
pero en un país federal es responsabilidad de cada jurisdicción
elaborar cada plan de estudio, obviamente en consonancia con lo
definido a nivel federal si se quiere que tengan validez nacional.
Demasiados años
perdidos.
Muchos chicos y chicas que podrían haber tenido una
educación mejor ya no la tendrán. Y a esta altura de la vida no
podemos darnos el lujo de ser ingenuos. Si una parte mayoritaria de
la sociedad, habla, acuerda y apoya una Argentina para todos,
debemos tener en cuenta que hay gente con poder que no quiere esa
Argentina, quieren una Argentina para pocos, aunque lo escondan con
palabrería.
Pero lo bueno es que
ahora estamos en otra situación.
Algunos gobiernos
provinciales podrán dilatar más tiempo o menos tiempo, podrán
poner algunos palos en la rueda o tratar de retacear algunos aspectos
(reducir las horas de taller de 12 a 10, como lo está haciendo el
gobierno socialista o intentar eliminar las rotaciones de taller),
podrán demorar que aparezcan los títulos técnicos eliminados por
la ley federal, pero no lo podrán impedir. Existe una ley que no
puede ignorarse indefinidamente. Y, obviamente, una de las claves de
la etapa que comienza pasará por cómo implementarla. Todos sabemos
que una ley puede tener facetas buenas y no tan buenas, pero aún la
mejor ley puede ser arruinada o mellada por una mala implementación.
Una buena implementación
deberá tener en cuenta los distintos problemas que se presentarán.
Veinte años de destrucción no es poca cosa y han golpeado
fuertemente a todas nuestras escuelas, que en ese lapso se han visto
desjerarquizadas, desmanteladas, con cierto tipo de saberes perdidos
y difíciles de recuperar, pues incluso la mayoría de los que
trasmitían ciertas “tradiciones” fundamentales en la formación
de un buen técnico están jubilados, o han fallecido o están
fatigados. Con pérdida de plantas escolares y cargos fundamentales
para una Escuela Técnica.
El desafío para impulsar una buena implementación es
importantísimo, y los gobiernos provinciales deben atender y
respetar las experiencias de sus escuelas y de sus docentes. Quienes
lo tengan en cuenta impulsarán un proceso menos traumático y con un
resultado más feliz.
Pero el objetivo de este
trabajo no es analizar qué características debería tener una buena
implementación. Lo que propongo abordar aquí es qué oportunidades
y desafíos nos presenta la actual etapa y cómo debemos movernos en
ella.
Oportunidades y
desafíos
En esta nueva etapa, como
siempre, la clave es saber a dónde queremos ir, que escuela técnica
queremos, qué queremos que sepan nuestros alumnos y alumnas cuando
se reciban, qué actitudes y valores queremos promover. En la novela
“Alicia en el país de las maravillas”, Alicia, en cierto
momento, se encuentra ante varios caminos y no sabe cuál tomar.
Aparece el gato y ella le pregunta “¿qué camino debo tomar?”, a
lo que el gato le responde “¿y a dónde querés ir?”, y ella le
dice: “no sé”. Y el gato responde: “entonces tampoco importa
mucho el camino que tomes...”
Para
saber cuál es el rol de los docentes de Educación Técnica,
qué deben hacer frente a lo que se vaya presentando y hacia dónde
orientar los esfuerzos, habrá que tener en claro a dónde se quiere
ir y al respecto construir una brújula -o un GPS si quieren
actualizar la metáfora- que los oriente.
En síntesis, nuestras
acciones y proyectos y la reconstrucción de la educación técnica
que necesitamos debería estar orientado por tres consignas que no
son las únicas pero tienen la virtud de ser bastante concretas, de
permitir confrontar lo que hacemos -o hacen otros- con ellas y
determinar si van en ese sentido o no. Y no me refiero a valores que
incluso están por encima de lo que voy a decir, como la Libertad, la
Justicia, la Igualdad, la Ética. Quisiera que prestáramos atención
a tres consignas más concretas:
1. Contribuir a una
mejor distribución del ingreso
Nadie -que quiera una
Argentina justa- puede ignorar la importancia que tiene lograr una
mejor distribución del ingreso. Pero les pediría, para
explicarme mejor, que dejemos por un momento de lado lo primero que
asociamos con esa consigna, mejorar el salario, y pensemos en la
problemática más amplia de una mejor distribución del ingreso
general, la que hace a la mayoría de la sociedad, especialmente a
los sectores más postergados, pero no sólo ellos.
Creo que podemos
coincidir que una buena educación y formación técnica de nuestros
alumnos ayuda o crea mejores condiciones para una distribución mejor
del ingreso y que incluso tiene la virtud de fortalecer el incremento
de la ocupación y por ende del ingreso.
Y si incluimos en el
trabajo las acciones para
que la sociedad valore el título técnico de los egresados, los
saberes que aprenden en nuestra institución, suponiendo aquí que
estamos en un proceso de recuperación integral de nuestras escuelas
técnicas y que se aplique bien la ley de ETP, con planes de estudios
coherentes y docentes consustanciados con ellos, estamos ayudando a
que los técnicos graduados no sólo obtengan un trabajo (o lo
generen), sino un trabajo con mejor perfil formativo y también mejor
remunerado. No es lo mismo el trabajo de una persona que finalizó la
secundaria que el de otra que es un Técnico, con T mayúsculas, como
ocurría antes de la debacle, cuando normalmente se los ubicaba como
auxiliares de los ingenieros, donde incluso en ciertos aspectos
prácticos sabían más que los profesionales universitarios y por
ello los ayudaban a traducir las indicaciones generales para
organizar la producción de los obreros frente a las máquinas.
Lograr que los egresados
y egresadas sean buenos técnicos no alcanza, deben ser reconocidos
como tales y deben saber defender sus derechos y también asumir sus
responsabilidades no sólo individuales sino sociales. Contribuir a
una mejor distribución del ingreso hace a eso y mucho más.
Pero
construiríamos una pobre brújula si nos orientáramos simplemente
por una mejor distribución del ingreso. Junto
a la distribución del ingreso, debemos incluir dos cuestiones tanto
o más importantes:
la
distribución del conocimiento y
la distribución de la palabra.
2.
Contribuir a una mejor distribución del conocimiento
Para que exista una mejor
distribución del conocimiento un primer paso primordial es
la producción de ese conocimiento: quién
lo produce, cómo lo produce, para qué lo produce, para quién lo
produce y cómo se aplica.
El docente produce
conocimiento pero esa producción es ignorada o desvalorada. Todos
los docentes producen apuntes, se les ocurren ideas, propuestas muy
valiosas, pero nadie las conoce salvo sus alumnos. A todos los
docentes les ocurre que en algún momento logran “la clase genial”,
puede que no tan frecuentemente como quisiéramos, pero esos momentos
existen. Y esa experiencia no es aprovechada más allá del aula. Nos
mantienen y nos mantenemos aislados, a veces incluso algunos celan a
los demás, se cierran en el individualismo, protegen y retacean sus
saberes como si fueran secretos comerciales o de Estado.
No podemos aceptar el
rol de meros repetidores y adocenadores. Ni seguir en el aislamiento.
Nadie enseña lo que no
practica. Si no leemos libros, si no tenemos placer en esa lectura,
no estimularemos a nuestros alumnos a que lean autónomamente. Si no
producimos, no enseñaremos para que sean productores. Si no
producimos información y conocimientos, nuestros alumnos vegetarán
como meros consumidores manejados por el mercado, o sea por las
grandes corporaciones.
Y en esta sociedad el
conocimiento tiene un gran valor, por eso se crean condiciones para
que lo obtengan unos pocos. Y que se pague y mucho por él. Y hoy en
la secundaria ni siquiera se aprenden cuestiones elementales que
anteriormente se aprendían en la primaria. No hablemos de regla de
tres compuesta: ni siquiera la simple. Por supuesto que hay escuelas
y escuelas pero la caída de la calidad ha sido notable.
El año pasado, bajo el
título “Dejar de mentir”, la ex Ministra de Educación de la Ley
Federal, Susana Decibe,
decía que “Nuevamente nos alarman los malos resultados
alcanzados en las pruebas internacionales. El el año 2008 se
conocieron las calificaciones en franco retroceso que lograron las
escuelas participantes en las pruebas de la OREALC (Unesco)” y
sigue hablando del gran daño que se está haciendo al sistema
educativo con las políticas actuales.
Puedo entender que el
diario Clarín publique con gran titular una nota así, pero no sé
cómo se pueden realizar este tipo de afirmaciones, cuando todos los
alumnos que se gradúan en este período son fruto de la Ley Federal,
comenzaron la “educación básica” durante su gestión... La ex
ministra es quien debería asumir su propia responsabilidad en los
resultados tan malos que reseña: aún hoy tenemos los plantes de
estudio de la ley federal, los plantes de la EGB, del Polimodal, de
los TTP -aunque sus nombres hayan desaparecido- y va a llevar mucho
tiempo y esfuerzo salir de esa trampa, pues destruir es fácil y
rápido, en cambio rehacer es más lento. Y si los alumnos no
egresan en peores condiciones y en algunos casos hasta razonablemente
bien, se debe a los esfuerzos de las escuelas, de los docentes, de
los directivos, que muchas veces de manera semi oculta, defendieron y
defienden contenidos y prácticas que han demostrado que son buenas,
a pesar de los lineamientos de la Ley Federal.
Y en esta etapa, la
distribución del conocimiento pasa por mejorar contenidos,
aprendizajes, y por un rol distinto del docente en la producción de
información y conocimientos.
3. Contribuir a
distribuir la palabra
Y la tercer consigna,
distribuir la palabra, es clave. Y no me refiero aquí al tema
que subyace con la Ley de Medios, con la hegemonía que tienen
ciertos grupos económicos y de poder con respecto a la información,
a la construcción del discurso, incluso a cuestiones culturales.
Incluyo ello en la consigna, pero me refiero a algo más simple,
básico y fundante: distribuir la palabra, las palabras, que se
apropien de un vocabulario rico y apropiado a un país para todos y
todas; las palabras que usamos, cómo las usamos. Nuestro pensamiento
depende de las palabras que tenemos, que manejamos, de nuestra
capacidad de abstracción. Es muy rudimentario pensar con imágenes o
con pocas palabras.
Una frase muy cierta dice
que una imagen vale mil palabras. Recuerdo al respecto que cuando era
chico y con mis padres iba en el verano a visitar a mis abuelos en
Córdoba -soy de Concordia- ellos compraban una revista, Life, y en
ella vi una imagen terrible de un chiquito, negro, piel y huesos,
desgarradora
que nunca logré borrar. Y claro, la imagen hablaba de Biafra, de
Nigeria, de África, del racismo, de la esclavitud, del hambre, del
apartheid, del Congo, de Sudáfrica, de la guerra, de golpe de
estado, de la injusticia, de la explotación, de la miseria, del
capitalismo, del colonialismo, del imperialismo, del militarismo, de
la intolerancia, de bloqueo económico, de la hambruna, de
enfermedades, de petróleo, de corporaciones, .... sí, realmente esa
imagen valía mil palabras y aún más. Pero...
para que esa imagen valga mil palabras antes debemos tener
adentro esas mil palabras, de lo contrario, será meramente una
imagen que nos puede conmover o doler, pero será sólo una imagen. Y
nosotros tenemos que lograr que nuestros alumnos y alumnas incorporen
esas mil palabras, que cada imagen pueda ser interpretada,
analizada, ponderada, razonada, sentida. La
clave es: distribuir la palabra.
Un sociólogo inglés,
Basil Berstein, fallecido hace unos años, investigó la situación
de los chicos pobres de los barrios bajos de Londres y concluyó que,
hiciese lo que hiciera la escuela, no obtendrían una buena formación
educativa. ¿Y por qué? Berstein ve, entre otras, tres
condicionantes graves en esos chicos pobres. Uno el vocabulario, las
costumbres y la cultura que traen lo que les hace muy difícil entrar
en el “encuadre” que le propone la escuela. El otro tema es que
no tienen libros para estudiar. Y por último, quien ha leído el
libro de Virginia Wolf sobre la mujer, “El cuarto propio” lo
puede entender fácil, esos chicos no tienen un cuarto propio para
estudiar, para hacer los deberes, para concentrarse, pues en la misma
habitación está el tío, la abuelita, los hermanitos más chicos o
más grandes, todos hacinados. Y tal vez la única mesa ocupada para
cambiar pañales o lo que sea. Cuando concurrimos a la escuela sólo
aprendemos una parte, la otra la aprendemos en nuestra casa. Sin el
estudio -con libros, tareas y ejercicios- luego de la clase, es pobre
el resultado de lo que se aprende en la escuela.
Yo recuerdo que cuando
iba a la escuela primaria, más allá de que a veces quería ir a
pescar o jugar en el río o dormir un rato más, lo que más me
costaba era caminar esas cinco cuadras desde mi casa hasta la escuela
cargado con un portafolio lleno de libros: un gran diccionario,
varios libros, además de los cuadernos y lápices. Y luego en casa
tenía que leer, estudiar, hacer los deberes, bajo la insistente y
cargosa cantinela de mi mamá y el probable castigo de mi papá. Lo
que no me daba cuenta es que aquellos chicos que sus padres no podían
comprar sus libros, terminaban abandonando. Claro, no podían
estudiar. Y peor aún en la secundaria.
Cuando se generaliza el
proceso de masificación del nivel medio iniciado a finales de los
sesenta, el mismo fue acompañado por una reducción en cuanto a la
exigencia de libros de texto,
que primero fueron reemplazados por fotocopias y luego por dictados.
Y no es necesario argumentar acerca de la incindencia de esta
ausencia en la calidad de los aprendizajes, por más esfuerzo que
realice el docente.
Cuando la Presidenta
impulsa el plan “Conectar igualdad” y el uso de las netbook, si
se hacen las cosas bien, ello puede contrarrestar en parte algunos de
esos aspectos. A través de las netbook se pueden crear ambientes
virtuales mediante campus virtuales, que permitirían evadir un poco
la realidad para configurar ese cuarto propio difícil de crear
físicamente, puede extenderse virtualmente el aula, y pueden
disponer para leer una completa biblioteca con libros y revistas de
todo tipo. Las netbook pueden ser un recurso muy importante para que
nuestros alumnos aprendan a crear sus propios medios audiovisuales de
comunicación, sus propios relatos. Y si los iniciamos en el software
libre podemos ser además coherentes para basarnos en la ética y en
cuidar la soberanía del país y de nuestros bolsillos, pero también
en ver las bondades de una manera distinta, solidaria y libre de
producir el conocimiento, tal como es producido dicho software.
Para distribuir la
palabra y el conocimiento también hay que recuperar prácticas
perdidas, tanto aquellas que han desdibujado el rol del docente
transformándolo en “facilitador”, despreciando su rol de “meter
contenido”. Y los alumnos y alumnas de nuevo deberían pasar
sistemáticamente al frente a dar su lección, pues ello también
forma parte de la distribución de la palabra.
Sabemos que las causas
más frecuentes del fracaso en la universidad tienen que ver con la
resolución de problemas y la interpretación de textos. Y ello está
directamente vinculado a la distribución de la palabra y la
distribución del conocimiento.
Porque hay algo que tiene
la escuela técnica que se ha considerado peligroso. La escuela
técnica fomenta una actitud de producción, de creación. Una buena
formación despierta el placer por las herramientas, sentirse cómodos
con los materiales, no desvalorizarse ante los problemas. Y fíjense
que le Ley Federal incluso eliminó en la primaria las Actividades
Prácticas y Manualidades, donde se realizaban telares, envases,
encuadernación de libros y demás. Nada es casual.
Es limitado pensar la
educación técnica y nuestro rol docente si no asumimos esas tres
consignas, ayudar a una mejor distribución del ingreso, a una mejor
distribución del conocimiento y una mejor distribución de la
palabra. Será muy limitado el rol del docente si no nos ponemos a
pensar cómo contribuimos a ello aunque sea con granitos de arena,
más allá de los contenidos específicos que tenemos que enseñar en
cada materia.
Si por casi dos décadas
nuestra lucha era por existir como escuelas técnicas, en esta nueva
etapa nuestra razón de ser es demostrar para qué queríamos
existir, darle sentido a nuestra existencia como escuela técnica. Y
dentro de ello, el gran desafío como docentes es cómo contribuimos
a una mejor distribución del ingreso, del conocimiento y de la
palabra.
Lic. Fernando J. Pisani
www.intercol.org.ar/fjpisani
Rosario - Argentina
Docente de Escuelas
Técnicas de Rosario y del Instituto Politécnico Gral San Martín
(UNR)
Docente del Instituto de
Formación Docente “Capacyt” - 3 de Febrero - Buenos Aires
Ex Director Provincial de
Escuelas Medias y Técnicas de Santa Fe
Notas:
Artículo
publicado en la revista
Novedades Educativas
Argentina,
Año 24
/N°252/253 -
Diciembre 2011- Enero 2012. Pág 5 a 8
Escrito
en septiembre de 2011
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