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11 de noviembre de 2010
Noveduc
Año 22 /N°239 - Noviembre 2010

Quien denomina, domina

Fernando J. Pisani
fjpisani@intercol.org.ar

Si ponemos un huevo en un jarro con agua y flota ostensiblemente, no dudamos demasiado: casi con seguridad está podrido y no lo usaremos. Lamentablemente no contamos con un procedimiento tan sencillo y eficaz que nos advierta sobre los contenidos de un producto mediático o sobre una noticia o “información”. Menos aún contamos con los métodos también simples para prevenir una salmonella frente a la toxicidad de pensamientos e ideas que se nos ofrecen como una mayonesa. Ni podemos aplicar los procedimientos de pasteurización para reducir los agentes patógenos que salen al aire o vemos en letras de molde día tras día. Y en cierta manera, esto último por suerte, pues ¿quién determinaría lo que es tóxico de lo que no lo es? ¿No han sido acaso las banderas de las diversas dictaduras del mundo eliminar los “agentes externos y corrosivos”que “infectan” y socaban la forma de vida occidental y cristiana?¿No es bueno vivir bajo un gobierno que permita que se le diga cualquier cosa?

Solemos pensar que a la libertad, los derechos, la justicia, nos la dan o nos la quitan, pero ¿hasta qué punto no dependen de lo que pensamos, de lo que hacemos, de nuestras concepciones sobre lo que nos rodea y sobre nosotros mismos?

Hay un viejo refrán que dice que ninguna dictadura puede asentarse indefinidamente sobre las bayonetas. Ningún gobierno o clase puede gobernar o dominar sólo por medio de la violencia; necesita del consenso. Necesita que la gente, al menos una masa importante de la misma, vea su dominación como algo aceptable, natural, inevitable y si, además de todo esto, se ve como algo justo y bueno, mejor que mejor.

La obediencia, la sumisión, la docilidad no se consiguen meramente con el uso de la fuerza militar o económica. Puede que ello ocurra en un primer momento, pero para mantenerse necesita acondicionar y sujetar conciencias. Lo mismo, para lograr la docilidad o impotencia ante situaciones injustas.

La opresión eficaz es aquella que se ve legitimada, en parte por leyes escritas, pero también por la aceptación del hecho como algo natural o inmodificable.

Si bien el miedo es un elemento clave para mantener injusticias -miedo a perder el trabajo, el ingreso, la libertad, la vida-, esas situaciones por sobre todo necesitan algún tipo de consenso.

Y aquí, en la creación del consenso, en el dominio de las voluntades, juegan un lugar clave los medios de comunicación y el sistema educativo.

Estamos descontentos por el bajo nivel educativo, por la gran cantidad de repetidores, por el fracaso de muchos en el ingreso a la universidad, por los alumnos que no terminan los estudios. Y nos lamentamos o quejamos por la inseguridad, por el crecimiento de la violencia y por situaciones de abierta injusticia. ¿Hasta qué punto tiene todo esto que ver también con los medios masivos y con la escuela? ¿Hay responsabilidades?

Millones de palabras se han escrito sobre los medios en todos los países, sobre su influencia, sobre su poder. De hecho la prensa fue calificada con extraordinaria perspicacia como el “Cuarto Poder”, ya en 1700, cuando su poder era insignificante respecto al actual. Un buen ejercicio es ver una de las joyas máximas del cine: “El Ciudadano Kane”, de y con Orson Welles (1941).
La invención y popularización de la radio y la televisión dan un nuevo giro, profundizando aquel poder, pero también impactando de manera jamás vista en la cultura, tanto en su producción como en su circulación y consumo; en la moda, en la vida familiar, en todo.

El ciudadano Kane

Millones de toneladas de papel se han destinado en analizar esa problemática y no alcanzaría una vida para escuchar y ver lo dicho sobre el tema en los propios medios, defendiendo o acusando. Pero si intentamos escapar del encuadre del tipo de “Apocalípticos e Integrados” (Umberto Eco, 1965) y vamos más allá de Marshall McLuhan; si abandonamos el natural deseo de describir su impacto y su poder, podríamos llegar a detectar los dispositivos que fabrican o mantienen relaciones de sometimiento o de ignominia y saldrían más claramente las relaciones entre medios y educación, sus posibilidades, sus límites y realidades, su cercanía y conflicto.

Y entre todos los dispositivos, sobresale uno clave: quien domina, denomina.

Como ya advirtiera Michael Foucault, las sociedades que conocemos están atravesadas por múltiples relaciones de poder, que no pueden afianzarse ni funcionar sin una producción, circulación, acumulación y articulación del discurso.

Lo veremos más fácil si nos alejamos y buscamos este tipo de dispositivo en otro momento histórico y su papel en el tiempo.


La construcción de dispositivos

Si preguntásemos a alumnos, docentes, políticos, funcionarios, amas de casa, periodistas, barrenderos y jueces qué se conmemora el 12 de octubre la mayoría respondería: “El descubrimiento de América” o “El día de la Raza”.

¿Y qué subyace en esas respuestas?: Un desprecio por los habitantes que vivían en América, más de sesenta millones de personas, por lo que jamás podría haber sido “descubierta” en 1492 cuando albergaba incluso civilizaciones más viejas que las que produjo Europa. Pero claro, sus habitantes no eran seres humanos, o eran seres humanos inferiores, sub humanos, a los que por supuesto se podía reprimir, violar, matar, expropiarlos y echarlos de sus tierras.

Los genocidios cubrieron toda América, de Alaska a Tierra del Fuego.

De hecho, tradicionales familias oligárquicas en todos los países, tienen su pasado manchado en sangre, porque se enriquecieron apropiándose de la tierra de los indios, exterminándolos. En Argentina, muchas calles y avenidas tienen nombres de genocidas, por ejemplo Julio Argentino Roca, general asesino de indios, jefe de la Campaña del Desierto y presidente de la Nación.

¿De dónde surge la denominación de Campaña del Desierto?, justamente los mismos que instalaron “El Día de la Raza”, consideran que la patagonia y otras zonas de país estaban desiertas... de gente de raza blanca, la única que realmente es “gente” y “civilizada”. De lo contrario sería imposible hablar de Desierto. Reflexionemos y detengámonos en este “detalle”: admitimos sin criticar, repetimos sin analizar las implicancias, que incluso llegan hasta el presente, donde poblaciones aborígenes sufren consecuencias dramáticas.

La Campaña del Desierto fue estimulada y en parte financiada por la Sociedad Rural, la misma que ahora forma parte de la Mesa de Enlace y que con orgullo reivindica esa obra. El presidente de la Sociedad Rural de entonces recibió 2.500.000 hectáreas, ¿su nombre? José Martinez de Hoz, sÍ, el abuelo de conocido genocida Ministro de Economía de la última dictadura militar. 1843 familias (entre militares y civiles) se repartieron 41 millones de hectáreas expulsando -generalmente exterminando a los aborígenes que allí vivían...


Indigna leer el informe que la “Comisión Cientifica” agregada al estado mayor general de la Expedición:

El año 1879 tendrá en los anales de la República Argentina una importancia mucho más considerable que la que le han atribuído los contemporáneos. Ha visto realizarse un acontecimiento cuyas consecuencias sobre la historia nacional obligan más la gratitud de las generaciones venideras que la de la presente, y cuyo alcance, desconocido hoy, por transitorias cuestiones de personas y de partido, necesita, para revelarse en toda su magnitud, la imparcial perspectiva del porvenir. Ese acontecimiento es la supresión de los indios ladrones que ocupaban el Sur de nuestro territorio y asolaban sus distritos fronterizos: es la campaña llevada a cabo con acierto y energía, que ha dado por resultado la ocupación de la línea del Río Negro y del Neuquén (1881)”

Premonitoria visión de futuro del impacto superlativo que provocaría en la configuración del poder en la Argentina, ¿no?

Obviamente que hoy estaríamos en desacuerdo si nos dijeran sin anestesia lo que decía el Congreso argentino de entonces: la necesidad de “exterminar a los indios salvajes y bárbaros de Pampa y Patagonia”, o los dichos del gobernador de BsAs Martín Rodriguez de “primero exterminaremos a los nómades y luego a los sedentarios”. Es la virtud que tiene el dispositivo. No se necesita ser evidente ni establece una única manera de conseguir su objetivo. Hoy mismo se sigue eliminando a los indígenas a través de la invisibilidad, y también cuando se utilizan conceptos como “descubrimiento de américa” o del día de la raza, y en muchas otras expresiones.

En esa construcción y producción de la verdad, de discursos de efectos poderosísimos pues el poder y su mecanismo permanecen ocultos, desdibujados e inaprensibles, sin un dueño evidente y sin aparente intencionalidad, es donde se dota de los instrumentos de intervención, donde se producen los verdaderos manejos de los cuerpos, de los comportamientos, de las fuerzas, de los deseos, de las aceptaciones y sometimientos, de los rencores y fobias contra algún sector social, político, religioso o de inclinaciones catalogadas, no por casualidad, como anormales -"anormales", justamente, otro dispositivo-. Quien domina, denomina.

En este ejemplo que pusimos, la denominación se logró no sólo por los reclamos de los estancieros, las leyes dictadas y el papel de los medios de entonces, sino, fundamentalmente, gracias el sistema educativo, a la escuela, gracias a la mayoría de los docentes, frente a lo cual no podemos ni debemos mirar al costado.


No es casualidad que los alumnos no sepan interpretar textos

Cuando los docentes nos quejamos de que los alumnos no saben interpretar texto, en realidad ¿saben interpretar siquiera una frase o ciertas palabras? ¿lo sabemos nosotros?

¿Cómo explicamos que por cien años, compadeciéndose de los indios y repudiando la violencia, los docentes repitieran "Descubrimiento de América", "Día de la Raza" y "Conquista del Desierto"?

Obviamente que para poder hacer una buena interpretación de texto hay que tener espíritu crítico, que no tiene nada que ver, dicho sea al pasar, con el espíritu quejoso, que suele ser su opuesto y que termina reforzando la impotencia.

Para enfrentar el genocidio de los aborígenes no alcanza con desarrollar sentimientos humanitarios o cuestionar excesos. De esa manera seguiremos prisioneros de lo mismo, avalando lo esencial aunque repudiemos aquellas matanzas: es necesario detectar los dispositivos y desarmarlos. Y si no podemos desarmarlos, hacer como el nudo gordiano: destruirlos.

Claro que si estamos prisioneros de prejuicios o tenemos intereses cómplices, seguiremos defendiendo y reproduciendo esos dispositivos. Y los prejuicios pueden no ser tan evidentes y los intereses no tan directos. No es fácil desactivar un dispositivo en gran parte porque es muy díficil asirlo, analizarlo, aislarlo, concatenarlo, ver sus relaciones directas e indirectas, percibir los efectos también directos e indirectos que produce y cómo se retroalimenta. Y tampoco es sencillo, eventualmente, configurar un contradispositivo.

El debate previo a la sanción de la Ley de Matrimonio Igualitario fue un buen campo para ver los prejuicios en funcionamiento. Y la discusión sobre la Resolución 125 de las retenciones móviles, para visualizar el movimiento tanto de intereses como de prejuicios.

¿Dónde estuvo el dispositivo principal en este último caso?

Sabemos que es más dificil abordar un tema actual y profundamente polémico que uno lejano. Pero de nada servirán estas reflexiones si no somos capaces de aplicarlas a los difíciles problemas del presente.

Quienes piensan que el gobierno perdió en ese conflicto por el voto “no positivo” de un arribista, está equivocado. O que se debió a los cortes de ruta o a que hubo oposición de buena parte de la población. No.

El gobierno no se dio cuenta a tiempo del dispositivo puesto en juego y por eso terminó sometido a él. Y mientras dicho dispositivo no sea desactivado no tiene chances.

Pero antes de seguir con este nuevo ejemplo, quisiera marcar dos cosas, que no quisiera que quedaran soslayadas:

1) La afirmación que he reiterado varias veces, quien domina, denomina, nos condenaría eternamente a la sumisión y al sojuzgamiento si no tuviera su contrapartida y complemento: quien denomina, domina.

El poder no es simplemente el gobierno o el Estado, ni lo que llamamos “el verdadero poder”, es decir, el económico. Son partes fundamentales y dominantes de ese poder. Si. Pero el poder es algo más que eso, y no es solamente externo a nosotros, los sujetos, pues en definitiva es la capacidad o potencia de hacer algo. También algo de él lo tenemos nosotros. A través de nosotros circula, teje relaciones, crea líneas, mesetas, puede también construir verdad. Y en nuestro caso, puede disputar denominaciones, puede desactivar dispositivos, puede establecer otros. Es una de las claves de la posibilidad de cambio.

2) La otra cuestión a señalar es que el sistema educativo no actúa a corto plazo. Su papel en los procesos sociales, incluyendo el de afianzar denominaciones y dominaciones, es a largo plazo. Décadas. Respecto a los dispositivos, contribuye -mediante un trabajo prolongado y sistemático- a su fortalecimiento, extensión y perpetuación, o, más raro, a debilitarlos y cuestionarlos. Si se necesitan establecer rápidamente dispositivos de control o dominación, se debe recurrir a otras instituciones y organizaciones. Y en el caso del tema de las concepciones, de las opiniones, de las posiciones, hoy un papel determinante lo juegan los medios de difusión y comunicación. Y si estos están concentrados, pueden actuar con mayor impacto, rapidez y contundencia.

La opacidad y sobredeterminación del dispositivo.

El gobierno perdió la pulseada con la Sociedad Rural y los exportadores de soja desde mucho antes de que el conflicto se agudizara: la perdió desde el momento que se estableció el dispositivo “Campo”; y no pudo ponerlo en evidencia y desactivarlo.

Un conflicto con los grandes dueños de la tierra y con las corporaciones agroexportadoras tenia la balanza inclinada hacia el gobierno, toda vez que su propuesta contenía aspectos que protegían al mercado interno, promovía un precio más bajo de los alimentos y tendia a mejorar la situación de los pequeños productores. Y más que nada porque los sectores oligárquicos rurales nunca contaron de simpatía popular.

Pero los sectores que detentan la mayor concentración de la propiedad rural, la Sociedad Rural Argentina (SRA) y la CRA, recibieron el regalo del cielo cuando en una actitud, no se si suicida o de entrega, la Federación Agraria Argentina (FAA) se une a ellos, a su enemigo histórico. Es como que los pollitos se unan al zorro y a los perros para enfrentar los enemigos naturales del zorro, que no son los enemigos de los pollitos. E históricamente el zorro se comió y comerá a los pollitos. Y antes que el gobierno atinara a nada, ya estaba instalado el dispositivo: “Campo”: Gobierno vs Campo.

Y claro. ¿quién puede oponerse al Campo como tal?. El campo es la tierra, da vida, alimentos y frutos. El campo es bello, sano y tranquilizador. Es la flor, la guitarra sonando a la noche mientras las brasas crujen y las chispas danzan. El campo es la naturaleza, es nuestra tierra, es La Argentina.

Bajo la palabra “Campo” desaparecen los latifundistas, los genocidas, los explotadores, los oligarcas. Desaparecen quienes han destruído la naturaleza, contaminado en ambiente, envenenado fuentes de agua y personas, cambiado la ecología, inundado regiones enteras. Desaparecen los peones rurales explotados y oprimidos, los trabajadores en negro, la ausencia de derechos. Desaparecen los usureros, los expoliadores de los pequeños arrendatarios, los despojados de su trabajo en la tierra, los desalojados de su tierra. Desaparece el papel de la SRA en el genocidio de los indios, las masacres de Patagonia Rebelde y del Grito de Alcorta (que dió lugar a la creación de FAA). Desparece el aumento de infecciones respiratorias y cáncer en las zonas cercanas a las plantaciones de soja. Nada es casual. Son los mismos que brindaron públicamente “¡Viva el Cáncer!” cuando murió Eva Perón.

Pero dejemos de lado que ellos no eran piqueteros porque usaban camionetas 4x4 y eran de tez blanca y hasta parecían cultos. Olvidemos que jamás gobierno alguno sufrió esos cortes de ruta por parte de las corporaciones agropecuarias, ni un chantaje para provocar escasez de alimentos en los centros urbanos. Dejemos a un lado su vocación antidemocrática y el apoyo a diversos golpes de estado. No estamos analizando ese conflicto.

Estamos intentando poner en evidencia un dispositivo, que no es necesario recordarles a ustedes cómo rapidamente se construyó: No había radio, canal de televisión, diario que no hablara del “conflicto del gobierno con el campo”, por supuesto que la mayoría en contra del gobierno, pero incluso los contados con los dedos de la mano que hablaban a su favor no pudieron escapar en su momento de esa lógica. Usted mismo, más allá de la posición que tenga del conflicto, en algún momento, ¿no lo referenció o nominó como “el conflicto del gobierno con el campo”?

Esforcémosnos para no ingresar al tema del conflicto en sí, ni que pocos meses algunos pequeños productores e intendentes reconocieran aspectos positivos de la medida rechazada. Aquí poco importa cuánto de razón esgrimía cada una de las partes, lo que interesa es cómo se logró rápidamente constituir el dispositivo.

En ello no podemos ignorar los prejuicios intervinientes: desde que una mujer estuviera en el puesto de presidente a oponerse a ella por todas las cuestiones que fueron para algunos urticantes bajo la administración de Néstor Kirchner -cuando al Jefe del Ejército lo hizo bajar el cuadro de Videla en el Colegio Militar, el lugar que le dio a Madres de Plaza de Mayo, diversos “desplantes” a sectores del estabilishment-, sumado a odios y miedos “ancestrales” que vienen con su carga tanto del primer gobierno peronista como los conflictos de éste con sectores de la juventud, en el último gobierno. Los errores del propio gobierno. Los intereses tocados. La sorda lucha por el poder de quienes quieren recuperar posiciones perdidas.

Analizar esto permitiría entender la magnitud del conflicto y de los movimientos de poder puestos en juego y alineamientos que van más allá del tema de una modificación en la política de las retenciones.

Como dicho análisis escapa a este texto, sigamos intentando poner la lupa en el papel de los medios en la problemática del poder y la educación.

El nuevo lugar de los medios de comunicación

No es posible entender cabalmente el tema de medios y educación si no notamos que los actuales medios tienen hoy un papel distinto que antes.

Desde los griegos se ha construído el mito de que la verdad, el saber, no pertenece nunca al poder político, lo que por supuesto llevaba a considerar pecaminoso o contaminante que quienes se ocupaban del tema del conocimiento, de la verdad, del saber, tuvieran algo que ver con el poder. En realidad era una forma de despolitizar a sectores vinculados con el saber, ya que la propia historia se ha encargado de mostrar y demostrar que para el poder no existe ningún problema de apropiarse del saber, de utilizar el conocimiento y de construir la verdad.

La dictadura encabezada por el general Juan Carlos Onganía, en 1966, comete un grave error para sus propios fines. Fiel a los dictados de los sectores más privilegiados de Argentina que jamás habían podido ganar por las elecciones, suprime los partidos políticos. Y con ello se suprime una institución encargada de mediatizar y canalizar a las masas. Sin canales de expresión, amplios sectores de obreros y demás trabajadores, y estudiantes, se autoorganizaran, participaran directamente, establecen otras reglas del juego político y principalmente ganan las calles.

Luego, ante el “descontrol” y el debilitamiento de la dictadura, lograr su desmovilización, sacarlas de la acción y del protagonismo, no fue sólo obra de la represión comenzada bajo el gobierno democrático de Perón e Isabel Perón, y con su incremento pavoroso en calidad y cantidad bajo la siguiente dictadura militar. No. Utilizó además otros recursos más sutiles y aquí aparece el nuevo papel de los medios, especialmente de la televisión.

Según afirmaban (dispositivo), cinco minutos de televisión tenían más impacto que un acto político masivo. Unos pocos puntos de rating equivalen a una audiencia de tantos cientos de miles de personas. Así, el set de televisión empezó a reemplazar la militancia persona a persona y por supuesto esto hizo que los dueños de canales tuvieran una buena mercadería para canjear con los politicos y gobernantes.

El proceso se siguió profundizando y aparecieron otros fenómenos que nos hacen afirmar que hoy los medios masivos, especiamente los medios concentrados y hegemónicos, superaron, ampliaron y transformaron su rol pasado.

Seguramente la mayoría de los docentes coinciden en criticar de los medios su escasos valores éticos, la promoción de la hipocresía, la permanente y siempre creciente presencia de la violencia y la chabanaquería de su programación. Pero el problema principal no pasa por allí.

La atracción que ejerce la violencia, el entretenimiento asociado a ella, es un fenómeno previo. Desde que la sociedad está dividida en clases, y tal vez antes, las peleas entre seres humanos, o entre seres humanos y animales o de animales entre sí, ocupan el podio de los entretenimientos populares. Las ejecuciones y situaciones macabras también tienen un atractivo irresistible para algunos. Los gladiadores, el boxeo, la plaza de toros, la riña de gallos van renovándose o “civilizándose” pero el pan y circo siempre están presentes, tal vez remplazando las espadas con lenguas filosas, agresiones verbales, mentiras, chismes, escándalos. Hasta los deportes que tanto nos gustan en definitiva no dejan de ser una lucha de unos contra otros con mayor o menor violencia, algunas no buscadas ni permitidas, pero existentes. De allí que mal pueden acusarse a los medios que hagan su negocio con todo esto: le da buenos ingresos y es legal. Y mal pueden ser acusados de promotores de la mediocridad cultural, el mal gusto y la ordinariez.

En todo caso, aunque nos pese, y hasta sin proponérselo, han ayudado a divulgar y mejorar el acceso a ciertas cuestiones culturales (y no me refiero aquí a los canales y programas que tienen un buen proyecto cultural y educativo como National Geographic y Canal Encuentro, me refiero a los que no se lo proponen)

Los medios hoy

 

En la actualidad los medios hegemónicos ya no están al servicio de algún sector dominante como antaño, ni se d jan sobornar o condicionar por las pautas publicitarias de grandes empresas o gobiernos. Ya no son el espacio donde los intelectuales de la clase dominante podían expresarse y crear opinión. No. Hoy son parte importante de la clase dominante, son los intelectuales orgánicos de un sector de la clase dominante, a la que ya forman


parte mediante redes y lazos de todo tipo. En el conflicto con la Rural y los agroexportadores no se alinearon con ella y la apoyaron. Defendieron sus propios intereses, que son los mismos que las grandes corporaciones agropecuarias, industriales, bancarias, pues tienen negocios propios en todos esos terrenos y más. No actúan meramente como dueños de medios, sino como dueños de tierras, plantaciones, ganado, industrias, etc. No por nada en el acto de la Sociedad Rural, los políticos de los bloques parlamentarios que estan al servicio de esos intereses, convocados por la SRA, fueron coordinados en una mesa por el jefe editorial de Clarín.


Por supuesto que esta nueva realidad no altera demasiado el daño que hacen, pues entre ser parte de, en vez de a su servicio, sólo se modifica el por qué lo hacen, pero nos permiten entender mejor verdadero rol en el conflicto político y el por qué de sus movimientos actuales. Y su lugar de conducción.

A diferencia de antes, hoy los medios cumplen el rol de intelectuales orgánicos de un sector importante del poder económico. Son parte esencial para producir ideología, crear los argumentos, los discursos, y elaboran, promueven e imponen los dispositivos.

Muchos de los periodistas que tiene acceso a un micrófono, una cámara, (y no solamente los periodistas de los medios hegemónicos), ya no son periodistas, son opinólogos, son militantes de un nuevo partido político genérico que atraviesa todos los partidos politicos y corrientes ideológicas; partido que no se presenta como tal, o en todo caso se presenta como el partido “independiente”.

Cualquier “periodista” o “locutor” se siente con el derecho de decir cualquier cosa sobre cualquier tema. Y no dudan en agraviar, descalificar, agredir verbalmente, engañar, mentir, desvirtuar, prejuzgar. (*)

El controlador - Tiempos Modernos

(*) Nota: Por supuesto que que hay excepciones notables y no es bueno generalizar, pero es imposible olvidar lo que se leía y escuchaba las 24 hs del día durante el conflicto de la 125 y posteriormente en casi todos los medios.

El conflicto de los estudiantes secundarios en Ciudad Autónoma de Buenos Aires, que tomaron sus escuelas, muestra este nuevo papel del “periodismo” de los grandes medios.

 Y disculpen la expresión, pero daba asco y vergüenza ver a esos señores y señoras haciendo macartismo con los alumnos, intentando predisponer a la población contra ellos, descalificándolos porque jugaban al truco en la toma o veían películas como “Tiempos Modernos” o “La Ola” ¿No vieron esas películas o justamente las vieron y no quieren que nuestros chicos vean el magistral análisis y mensaje que nos dejara Chaplín? Tiempos Modernos - Chaplin

O la película “La Ola”, que justamente intenta analizar el mecanismo de los gobiernos autoritarios...

Intentaron dividirlos, justificar las medidas policíacas del Ministerio de Educación de Macri... Nada distinto que lo que hicieron durante el conflicto por la Resolución 125, la Ley de Medios, frente a los intentos de Abuelas de saber si los hijos adoptados la propietaria de Clarín son sus nietos expropiados, Papel Prensa, y la lista sigue.

Sin embargo, que los medios hegemónicos ya sean parte importante de la clase dominante y se constituyan como la nueva derecha; que aprovechen el poder de una industria fundamental para la producción, distribución, circulación y consumo de "cultura", "ideología" y "verdad", que se constituyan en el intelectual orgánico de ese sector y ejerzan la tutela de politicos de diversos partidos, y que sus "periodistas" sean una militancia rentada en pos de sus causas y objetivos económicos, políticos e ideológicos, produce escalofríos, pero no es el mayor peligro. El principal peligro es invisible, está, pero no se percibe. Afecta gravemente, pero no es fácil de contrarrestar.

El manejo del “tiempo libre”: poco libre, tiempo desapropiado.

En primer lugar la apropiación que hacen del tiempo libre de otros. La promoción del miedo a salir a la calle, a deambular y la televisión cumplen el mismo propósito: reducir la participación en organizaciones sociales, políticas, culturales, recreativas. Aumentar el aislamiento bajo la apariencia de estar conectado “viéndolo todo”. Para colmo, los jovenes en una de sus pricipales actividades recreativas y sociales, los bailes, también están sometidos a formas de aislamiento y soledad dentro de la multitud: el ruido impide una comunicación vinculada al intercambio de ideas, de sentimientos verbalizados, y si le sumamos el alcohol y eventualmente la droga el panorama es desalentador.

“Todo bien” dirán los chicos, inconcientes de todos estos mecanismos. Y la escuela impotente recoje el lunes lo que deja la resaca o la apatia. Y en la medida que no encuentra armas para cotrarrestarlas, o ni siquiera se es conciente del problema, su papel queda desdibujado.

((Nota agregada a la edición digital: Los estudios que muestran que hay una relación inversa entre el consumo de la televisión y el rendiminto escolar, no deberían inferir que se deba al contenido en si de la TV como suele afirmarse, sino a que, como señalaba Basil Berstein, una educación de calidad supone complementar la asistencia a la escuela con una importante actividad de estudio en la casa, luego del horario escolar. Esto podría explicar la causa del bajo rendimiento, a mayor consumo de televisión, menos tiempo para el estudio y las actividades escolares fuera de la escuela))

En segundo lugar el gran peligro para la causa de la justicia, la igualdad, la libertad, la solidaridad, y para la propia Educación, está en la invisibilidad, impunidad y tremenda potencia que tienen los medios masivos para disputar e imponer denominaciones, y por ende, para dominar allí donde es más dificil de percibir y defenderse. Hoy dichos medios, no sólo en Argentina sino en el mundo, son los principales productores de Discurso y de Verdad, de dispositivos de dominación. Y en una sociedad llamada "de la Información", son los principales productores de la desinformación.

  He dicho que el dispositivo era de naturaleza esencialmente estratégica, lo que supone que se trata de una cierta manipulación de relaciones de fuerza, bien para desarrollarlas en una dirección concreta, bien para bloquearlas, o para estabilizarlas, utilizarlas, etc... El dispositivo se halla pues siempre inscrito en un juego de poder, pero también siempre ligado a uno de los bordes del saber, que nacen de él pero, asimismo, lo condicionan. El dispositivo es esto: unas estrategias de relaciones de fuerzas soportando unos tipos de saber, y soportadas por ellos.” Michael Foucault. Entrevista en “Saber y verdad”, págs. 127, Ediciones de la Piqueta, Madrid, España, 1985.


La escuela como detectora de dispositivos

La Escuela debe dejar de ignorar estos dispositivos de poder, debe dejar de reproducirlos y promoverlos y si bien no puede como tal transformarse en el adalid de un movimiento que enfrente y modifique el actual escenario, sí puede enseñar a detectar estos dispositivos, promover un espíritu crítico y solidario y dar elementos para que cada uno esté en mejores condiciones para construir sus propios juicios. Pero claro, para que ello ocurra los docentes tenemos que corrernos del papel en que nos han puesto hasta hoy. O que nos hemos puestos nosotros mismos. El día del Descubrimiento de América y la Campaña del Desierto enseñados por decenas de años, y aún hoy, no dejan de ser hechos oprobiosos para nuestra vocación docente y los ideales que manifestamos profesar.

Y no debemos olvidar que “Detrás de todo saber o conocimiento lo que está en juego es una lucha por el poder.”

Quien domina, denomina. Quien denomina, domina. Los medios masivos contribuyen tanto a la dominación como a la denominación y ponen en evidencia lo absolutamente mal preparada que está la escuela sobre dicha dialéctica, de la que termina de formar parte imprescindible para mantener el status quo. Pero se puede cambiar.


Lic. Fernando J. Pisani

fjpisani@intercol.org.ar - fjpisani@gmail.com

www.intercol.org.ar/fjpisani

Artículo publicado en la revista Novedades Educativas,
Año 22 /N°239 - Noviembre 2010 - Argentina. Pág 4 a 8

Escrito en septiembre de 2010

Revista Novedades Educativas