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gestión de la información
La gestión
de la información no es el marketing
Objetivos, metas y resultados
No hay lugar para la morosidad
Recursos y obstáculos
La informatización
Gestión de la
información y gestión de los conocimientos
Activos intangibles
Eficacia y eficiencia
Conflicto, el terror de
las políticas de vaciamiento
Otros artículos:
EL CAMBIO FUNCIONAL DE LA COMPUTADORA
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La educación no se vende
La gestión de la
información no es el marketing
En medio de una “transformación” sin rumbo, de una crisis sin precedentes,
padeciendo directa e indirectamente políticas de ajuste, escuelas
y directivos buscan orientaciones o alternativas para defender su institución,
su matrícula, su personal. Esta situación, muchas veces angustiante,
es en realidad un fértil mercado para vender teorías y prácticas
que tuvieron auge en el mundo empresarial de EEUU y otros países hace
veinte años, y se presentan hoy como novísimas alternativas
para mantener o conquistar matrícula, aumentar la eficacia y la eficiencia
de la organización. Claro que no cualquier directivo digiere fácilmente
que ahora el alumno pase a ser un cliente; los padres el mercado; que las
relaciones entre las personas deben marketinizarse o que el activo (intangible)
más importante que tiene la institución es su imagen.
Así, una disciplina nueva, la Gestión de la Información,
que podemos aprovechar para la problemática de la gestión
institucional y para la tarea educativa, lamentablemente está entrando
mal en el sistema educativo, donde capacitadores, asesores o vendedores de
marketing transpolan simplistamente categorías utilizadas en el mundo
de los negocios, sin percatarse de las diferencias que pueden existir
- y existen - en uno y otro ámbito. Pero incluso en las empresas y
en muchos cursos de capacitación, se tiene una idea muy limitada de
lo que es la gestión de la información. La reducen a la aplicación
de la informática a lo administrativo, a la recolección
y transformación de datos para racionalizar, controlar y abaratar
costos (de sus productos, de su personal y de sus procesos), y al marketing
(donde se desarrollan diversas técnicas para determinar conductas,
necesidades y deseos del consumidor, para aprovecharlos, estimularlos o
analizar los impactos de campañas, etc.).
La expresión “marketing educativo” es una contradicción
en sí misma, salvo para quienes creen que la educación está
en venta o debe venderse. Como el agua y el aceite, sólo pueden juntarse
batiendo mucho y enturbiando todo, pero cuando se llega de nuevo al reposo,
el agua es agua, clara, y el aceite es aceite, pegajoso.
En un memo de un curso que sostiene estas concepciones puede leerse que
“una escuela de gestión pública necesita de las herramientas
de marketing tanto como las privadas. Ya que lo que debe perseguir como
objetivo toda institución educativa es consolidar la relación
con el usuario del servicio”; y luego de advertir que con menos usuarios
se pierde matrícula y por ende puestos de trabajo y que la escuela
debe desarrollar acciones de marketing, se afirma que “”En tiempos de crisis,
la principal acción de marketing de toda organización pasa
por la imagen que se construye y se trasmite hacia la comunidad. Este es
el diferencial institucional por excelencia que se cuenta a la hora de enfrentar
eficazmente los obstáculos de magnitud”
Y no debe extrañarnos que la receta pase por un cambio de imagen
y tareas asociadas, y que se advierta imperativamente “”A no equivocarse:
la reducción de costos en este rubro específico puede terminar
siendo costosa”. Justamente es ése el servicio principal que venden
ciertos asesores: imagen, comunicación. De esta manera, de paso,
se soslayan las responsabilidades de la crisis educativa y social,
escamoteando las soluciones de fondo.
Así nos enteraremos que el ser de una organización está
en su imagen, ya que es lo que la gente percibe. Habrá entonces que
mejorar (o fabricar) una imagen acorde a los objetivos institucionales, y
la tarea central será detectar las necesidades del cliente (alumno,
padres, etc.) para vender el producto o servicio (aunque sea gratuito,
nos aclaran, igual es una relación de intercambio).
Está fuera de lugar negar la eficacia y potencia del marketing.
Tenemos demasiados ejemplos de a dónde conducen esas construcciones
de imágenes.
Uno de los objetivos de la escuela es justamente enseñar a evitar
ser manipulado, engañado, desarrollando el espíritu crítico.
Mal puede cumplir su función si cae ella misma en esos manejos. “Pero
marketing no es manipulación, no es venta. La venta es sólo
un aspecto de marketing”, dirán. Y es cierto, marketing es mucho más
que ello e incluso trabaja aspectos valiosos para el mundo de los negocios,
pero no puede evitarse la sospecha de que ciertas categorías al ser
transportadas directamente al mundo educativo -o a las relaciones personales-,
traigan inseparablemente un contenido que no condice con lo que es o debe
ser la educación y sus fines, y que en realidad, tal vez, ocupen
la función de Caballo de Troya de una ideología y de un modelo
de educación.
Por supuesto que una institución educativa puede y debe realizar
acciones de propaganda, divulgación, análisis de necesidades,
demandas. Por supuesto que a nadie le interesa tener una mala imagen o perder
matrícula por no lograr responder a expectativas de la comunidad
o porque otra institución vecina lo resuelve mejor que la nuestra.
El asunto es si eso se resuelve con técnicas de marketing o peor
aún, con su mirada y filosofía.
Comencemos abordando la problemática de la Gestión de la
Información, muy desdibujada en los planteos marketineros, tratando
alguna de sus características y enfoque.
Objetivos, metas
y resultados
Entre las palabras que no suelen usarse en el sistema educativo, tal vez
por considerarlas demasiado contaminadas por la superficialidad o la
competencia, está “éxito” Sin embargo es importante definir
con claridad qué se considera exitoso para una institución,
actividad o proyecto, y definir con precisión cuáles son sus
indicadores claves, ya que no cualquiera es el más apropiado. Hay
que jerarquizarlos, secuenciarlos, para enfocar lo más importante.
El paso siguiente será determinar cómo medirlos, cuándo
y dónde, teniendo en cuenta que la recolección de datos no
sea costosa y resulte simple y rápida.
Claro que “éxito” debe ir acompañado por algún calificativo,
por ejemplo “bueno.” Porque el que algo sea exitoso no garantiza que
sea bueno. Y si bien la palabra bueno es extraña en el lenguaje de
las ciencias y de por sí es ambigua, autores como Fenstermacher o
Litwin se refieren a “la buena enseñanza” y la distinguen de
lo que antes se consideraba enseñanza exitosa. ”Por el contrario,
en este contexto, la palabra 'buena' tiene tanto fuerza moral como epistemológica.
Preguntar que es buena enseñanza en el sentido moral equivale a preguntarse
qué acciones docentes pueden justificarse basándose en principios
morales y son capaces de provocar acciones de principio por parte de los
estudiantes. Preguntar qué es una buena enseñanza en el sentido
epistemológico, es preguntar si lo que se enseña es racionalmente
justificado y, en última instancia, digno de que el estudiante lo conozca,
lo crea o lo entienda” (Frenstermacher, 1989).
“...esta significación de la buena enseñanza implica la
recuperación de la ética y de los valores en las prácticas
de la enseñanza. Se trata de valores inherentes a la condición
humana, pero desde su condición social, en contextos y en el marco
de las contradictorias relaciones de los actores en los ámbitos escolares”
(Litwin, 1998)
No hay lugar
para la morosidad
Una de las características de la “Era de la Información”,
es que no hay lugar para la morosidad so pena de fracaso. La información
se requiere rápida, frecuente, precisa y confiable. Y las decisiones
no se deben demorar innecesariamente.
Equivocadamente se afirma que vivimos bajo la superabundancia de información,
sepultados por ella. Lo que tenemos es superabundancia de datos, de indicadores,
de documentación.
Por lo cual uno de los aspectos centrales de la gestión de la información
es cómo transformar los datos en información (significativa
para nuestros objetivos y metas), y a la adecuada disposición de la
misma para la toma de decisiones.
Frecuentemente se afirma que se realiza lo urgente y no lo importante.
Pero no es frecuente escuchar sobre la necesidad de contar con sistemas que
nos ayuden a priorizar lo que es importante, para que el flujo de la información
circule por la institución –y entre los involucrados- y al mismo
tiempo se realice un seguimiento de su evolución.
Hay actividades o profesiones donde la relación acción-resultado
es muy evidente. Un auto no puede salir del taller sin funcionar, tal como
llegó, pero es factible que un paciente concurra reiteradamente a
un psicólogo sin que exista un cambio significativo. Es evidente que
no se puede comparar una máquina con un ser humano donde las marcas
de la vida no se pueden resolver comprando repuestos en un comercio. Pero
en otros casos, la ausencia de resultados ponderables en tiempo y forma, se
debe a que ciertas organizaciones no deben rendir cuentas ni para abajo ni
para arriba, proliferando en ella el llamado "espíritu del empleado
público" donde la parsimonia, la irresponsabilidad y la abulia predominan.
Esto se ve claramente en ciertos funcionarios que con la excusa de la
burocracia y los "procedimientos", rara vez toman decisiones coherentes
con los altos postulados que dicen sostener y solo se limitan a perdurar,
a “tapar algunos agujeros”, o estallidos y a reaccionar (generalmente inapropiadamente))
cuando el problema llega a la prensa u ocurre un accidente. Esta ausencia
de políticas activas (salvo, claro, en los temas de los ajustes y
recortes), se debe, a veces, a carencia de ideas y proyectos, pero en otras
a una incorrecta gestión de la información, o a ambas.
Si los ministerios fueran almacenes, fábricas o empresas de gestión
¿no se hubieran fundido hace tiempo? Sería interesante indagar
si el mayor costo (y el despilfarro) está generado, no tanto
por el salario de sus funcionarios, empleados y ñoquis, sino en las
políticas morosas que desarrollan.
Recursos y obstáculos
No alcanza con saber qué es lo que se quiere: es necesario precisar
el camino a recorrer para lograrlo y para ello hay que conocer con qué
recursos contamos o tenemos que contar.
En el aula, la escuela o el sistema educativo, siempre se encuentran abundantes
recursos de todo tipo y lamentablemente desaprovechados.
Una correcta gestión de la información debe:
Conocer las habilidades, destrezas, conocimientos e inquietudes de las
personas involucradas, de manera tal que puedan ser convocadas para los distintos
proyectos o retos que se deban enfrentar en pos de objetivos y metas definidas.
Determinar qué herramientas, medios y técnicas están
disponibles o podrían estarlo, así como otros recursos.
Para que la información sea operativa, tiene que estar disponible
en bases de datos que puedan de ser consultadas.
Claro que el mejor plan puede fracasar si no se tienen en cuenta los obstáculos
(internos o externos), determinando qué estrategias y tácticas
hay que emplear para contrarrestarlos, superarlos o atemperarlos.
Un obstáculo frecuente es el "clima" entre los participantes o
involucrados, por eso es de fundamental importancia que los objetivos y
metas sean compartidos; y que cada logro, por pequeño que sea, de
ese u otros proyectos, sea reconocido, divulgado y valorado.
Este tema de reconocimientos de procesos y resultados es muy importante
y un mal manejo de ello implicará insatisfacciones, resistencias
y desmotivación para el futuro.
La informatización
En el sistema educativo los esfuerzos para realizar bases de datos y gerenciar
la información se centraron en lo administrativo y ahora, las políticas
educativas guiadas por la caja chica propiciarán una mayor informatización
de ciertos aspectos del sistema educativo (matrícula, personal, infraestructura,
normativa). Obviamente que esos datos también podrán
ser útiles para resistir dichas políticas y construir nuevas,
pero lo importante es que indirectamente se irán creando condiciones
para la extensión de una gestión de la información en
lo académico, curricular, en los procesos de enseñanza y aprendizaje.
Porque otro de los aspectos centrales de la gestión de la información
es transformarse en gestión de conocimientos.
Gestión
de la información y gestión de los conocimientos
Cualquier intento de gestión de información en el área
educativa debe tratar de evitar el derroche de recursos que se producen día
a día, año a año. No tiene caso aquí analizar
si se debe a la inoperancia, la incompetencia, la irresponsabilidad, pero
lo cierto es que son los alumnos y alumnas y la educación -y por
ende la sociedad en su conjunto- quienes pagan las consecuencias.
Para entender mejor aquel derroche: muchos docentes que usan la computadora
tendrán allí escritos, documentos, proyectos, es
decir, rastros de producción acumulada.
Y si la utilizan para navegar y para el correo electrónico, seguramente
la pantalla ha mostrado infinidad de ideas, sugerencias. A la hora
de hacer un escrito sobre el tema X, ¿se puede obtener rápidamente
los diversos fragmentos de distintos escritos producidos o leídos
que se refieran a dicho tema? ¿Puede otra persona, sobre ese
material, realizar consultas temáticas -tipo buscador de Internet?
Por supuesto que no. No están acostumbrados ni preparados para utilizar
la computadora como recurso para la producción de información
o conocimientos, sino como herramienta, cómo máquina de escribir
sofisticada.
Ello no es casualidad ya que en similar situación se encuentran
quienes han recibido capacitación o poseen títulos
en informática.
Se trata de un modelo de país y su correlato en lo que se enseña
en informática y tecnología. Las diversas presiones que se
ejercen para la obsolescencia planificada, necesitan más el adiestramiento
en la utilización de herramientas que a la formación y capacitación
de las personas para crear y transformar las herramientas en recursos (Novedades
Educativas Nº 91, 1998).
Cuando pensamos en lo institucional y en las responsabilidades globales,
estas cuestiones se agravan. Uno de los principales bienes con que cuenta
la escuela es el conocimiento.
En la escuela se maneja información y conocimientos, se produce
información y conocimientos y se debería enseñar
a manejar y a producir información y conocimientos. Sin embargo, los
esfuerzos y producciones de cada uno de sus agentes no se aprovechan en
el resto del sistema. Cada uno debe tropezar con la misma piedra, reinventar
la misma rueda y en casi total soledad.
En los últimos años numerosos docentes e instituciones produjeron
proyectos innovadores, pero, al no promoverse sistemas de gestión
de dicha información, no hay posibilidad de réplicas, de aprovechamiento
o extensiones de aquellas experiencias (positivas o negativas, todas
constituyen aprendizajes).
Existen sistemas informáticos completamente gratuitos (GNU/Linux
www.cignux.org.ar ) para la infraestructura lógica de estos procesos.
Claro que estos sistemas, muy poderosos y eficientes, tienen la contra de
ser gratuitos, es decir, que no hay posibilidad de mordidas...
La gestión de la información debe también buscar
la transparencia en diversos aspectos, como compras y proveedores, atención
a alumnos, padres, normativa y documentación oficial, gestión
de resultados, experiencias de gestión, de capacitación, vinculación
con otras instituciones. Una Web con base de datos interactiva, interna o
externa, es una buen lugar para empezar.
Una política educativa activa deberá incluir en sus prioridades
un sistema de información/comunicación de experiencias, tanto
de proyectos como de gestión, y la retroalimentación necesaria
lo que promueve el proceso de capacitación y aprendizaje continuo,
el estudio de casos y los análisis comparativos, creando al mismo
tiempo el insumo vital para producir las imprescindibles investigaciones que
ayuden a salir del marasmo actual.
A contramano de la historia y de las tendencias actuales, asistimos a
una desvalorización del papel de la educación y del conocimiento
desde la dirigencia. La escuela se va transformando cada vez más en
un ámbito de contención y de asistencialismo o en un lugar
para conseguir o mantener el trabajo en lugar de tratarse de una institución
con un papel activo en los procesos de superación de las diversas
crisis que nos afectan y base insoslayable para un proyecto sustentable de
país productivo y creativo, basado en el respeto y la solidaridad con
nuestros semejantes.
Activos intangibles
Antes, el activo de una empresa, se medía analizando el valor de
sus instalaciones, edificios, mercaderías, capital social. Hoy es
distinto. En un mundo altamente competitivo, una de las preocupaciones básicas
de gerentes y estudiosos, es encontrar “una ventaja competitiva”. La tecnología
no lo es por mucho tiempo, ya que se compra o se copia. Lo considerado valioso
y distintivo es el conocimientos que posee su personal, el grado de compromiso
de éste con la organización, sus saberes y procedimientos técnicos
y especializados, su “know how” (el saber cómo hacer). Gracias a
ello se tiene un papel destacado en el mercado (o no) y se consigue la fidelidad
de la clientela, Una rama de la economía actual trata de estudiar
el valor de estos activos intangibles. Y la gestión de la información
estudia cómo gerenciarlos.
Se señalaba anteriormente que uno de los principales bienes con
que cuenta la escuela es el conocimiento. Pero el conocimiento no es un objeto,
sino que está en las personas, y en forma de relacionarse, que
potencia (o debilita) su manejo y producción.
Esta realidad plantea a la escuela nuevos retos: sus bienes principales
son intangibles.
La solidez o debilidad de una escuela o de un sistema educativo descansa
fundamentalmente en todo su personal, en la puesta en práctica de
sus saberes y valores, en la producción de conocimientos y en
su gestión.
Lamentablemente a veces se copia lo peor de los ámbitos empresarios
para traerlos al ambiente educativo, pero no los aspectos centrales, como
la constatación de que las empresas que mejor pueden afrontar las
dificultades y crecer, son aquellas que aprovechan y estimulan los conocimientos
e inquietudes de su personal, que los capacitan constantemente, incentivando
sus capacidades de aprendizaje, de creación, y de producción
de nuevos conocimientos.
Es imposible abordar correctamente la problemática del cambio sin
una adecuada gestión de la información y sin métodos
de comunicación, trabajo y producción acorde a las nuevas demandas
y posibilidades..
Gestionar la información y el conocimiento presupone una manera
distinta de concebir a la propia organización, presupone modelos distintos
a los dominantes hasta hace poco tiempo en el ámbito empresarial y
que el sistema educativo adopta con veinte o treinta años de retraso.
Al querer hablar de organización y de producción nos
saldrán al cruce dos conceptos: eficacia y eficiencia.
Eficacia y eficiencia
Pocos podrán en duda la necesidad de que nuestras acciones, producciones
y organizaciones sean eficaces y eficientes. Es más, nos molesta la
inoperancia, la ineficacia, la ineficiencia y sabemos que nos cuesta muy
caro individual y socialmente cuando las mismas se instalan en cualquier puesto
de poder, por pequeño que sea. Sus efectos son muy gravosos y no sólo
en el corto plazo.
Sin embargo, al momento de querer usar esos conceptos nos viene una sensación
atribuible al poco científico "olfato" o la menos aún reconocida
"intuición" y nos preguntamos si es casualidad que eficacia y eficiencia
sean las palabras claves que se usan para justificar las políticas
de "transformación" educativa, de ajuste y de "racionalización".
Rebuscamos en nuestra memoria para ver cuándo cobraron la dimensión
política e ideológica que tienen hoy y aparece el recuerdo
de Onganía o unos años luego, durante el Proceso y la imagen,
en la TV y los cines, de la silla "made in Argentina", que se
desarmaba toda al momento de sentarse un usuario y el sello de "culpable"
que se ponía en la frente de quien no se ajustaba a las nuevas
reglas y al tanquecito.
El mensaje, justificatorio de lo que vendría después,
era claro: La industria argentina es totalmente ineficiente e ineficaz, merece
desaparecer si no se amolda a los nuevos tiempos, o al Tiempo Nuevo. Y muchísimas
fábricas desaparecieron.
También iba para las empresas estatales, que: doblemente ineficientes
e ineficaces, merecían ser vendidas, incluso aquellas que daban muy
buenas ganancias como Aerolíneas Argentinas o producían mucha
riqueza, como YPF. Y lo fueron.
Claro que en realidad lo que estaba en juego era un nuevo modelo de país
y de mundo, porque estas categorías, cortinas de humo, no se adueñaron
de la escena sólo en Argentina. Fue un fenómeno mundial, claramente
identificado por ejemplo en Francia por Jacques Le Mouel cuando ponía
en evidencia el nuevo sofisma del management:
"Lo eficaz es verdadero,
ahora bien, lo verdadero es justo.
Luego lo eficaz es justo" (Le Mouel, Jacques, "Crítica de la eficacia".
Paidós. 1992, pág 15
Definiendo muy brevemente: Eficaz es alcanzar (o superar) los objetivos
determinados; y eficiente es lograrlo con los mínimos recursos. Centrar
o juzgar las acciones, políticas y organizaciones por estos conceptos
equivale a excluir o desplazar de esos análisis los objetivos de
dichas acciones, políticas o instituciones, los por qué y
los motivos, con lo que terminamos por encontrarnos con la filosofía
del utilitarismo y el pragmatismo y la política que se basa en ella,
por todos conocida.
No debe extrañarnos que desde ese modelo se tienda a la formación
de ciudadanos que sean buenos consumidores (si tienen para comprar, si no,
no tiene mucho sentido gastar en formarlos, al menos en nivel medio y menos
en terciario y universitario), eficientes, competitivos, individualistas,
altamente desideologizados y despolitizados.
Por ello cada vez que queramos usar los conceptos eficacia y eficiencia,
o que nos vienen dados como argumentos, es necesario ver cómo están
definidos y si no lo están, indagar lo que ellos están presuponiendo
en lo económico, en lo político, en lo social y hasta en lo
filosófico, tratando de determinar en qué objetivos se inscriben.
Por ello, frente al privilegiar acciones y medidas, preguntarse sobre
los por qué de las mismas, tratando de poner en evidencia no sólo
las motivaciones e intenciones sino sus marcos teóricos o ideológicos.
Y esto debe aplicarse también a otros términos, como rendimiento,
calidad, productividad, rentabilidad, logro, éxito. Hay que redefinirlos
y utilizarlos desde una perspectiva que evidencie los valores, proyectos,
responsabilidades e intereses puestos en juego, y que los integre, si lo
estamos proponiendo nosotros. Porque es necesario que también nosotros
nos interesemos por la eficacia y la eficiencia, pero no cualquier eficacia
y eficiencia y menos aún las que escamotean los objetivos, valores
e intenciones. Por eso debemos comenzar por preguntarnos qué sería
eficiencia y eficacia para una institución que tiene tales y cuales
valores y objetivos, de la cual la sociedad espera esto y lo otro, y por
qué tal o cual eficacia y eficiencia serían beneficiosas, y
por qué tal y cuál perjudicial (y para quién y para qué).
Teniendo en cuenta lo antedicho, podemos entonces pasar a abordar una
de las carencias claves del sistema educativo y una de las puntas del ovillo
para enfrentar la situación que vivimos: la producción de información
y de conocimientos.
La Escuela es (o debe ser) una institución que maneja información
y conocimientos, que produce información y conocimientos y en la que
se debería enseñar a manejarlos y a producirlos. No obstante,
generalmente está limitada a la primera de las tres funciones. No
se pone el mismo énfasis ni está estructurada para producir
información y conocimientos y menos aún para enseñar
cómo hacerlo, por qué, para qué y para quién hacerlo.
Claro, entraría en conflicto con formar ciudadanos que sean buenos
e inteligentes consumidores y usuarios; y con la actual función orgánica
del docente: mucho de agente, poco de actor y casi nada de creador.
Veíamos anteriormente el enorme despilfarro de recursos en el sistema
educativo, porque en la escuela se produce información y conocimientos,
pero de una manera totalmente aislada, desarticulada e inaprovechable para
el resto (y a fuerza de pulmón). No es casualidad. Ocurre que si queremos
producir información y conocimientos (sea desde cómo resolver
la convivencia hasta el diseño curricular de un módulo del
TTP, pasando por los temas macros), necesariamente tendrá que fomentarse
el análisis crítico, y aparecerán el debate, el disenso,
las contradicciones, que son la savia de cualquier proceso de elaboración
colectiva y de cualquier protagonismo.
Conflicto,
el terror de las políticas de vaciamiento
El conflicto no es un tema menor en las instituciones. Aparte del tema
recurrente de la violencia directa, sobre el cual existen suficientes materiales
y estudios importantes, existe otro conflicto, que se da cuando una institución
es una organización viva con miles de vasos comunicantes con la sociedad
y sus contradicciones; y se propone producir información y conocimientos,
lograr un consenso superador o tomar una determinación institucional.
Cuando estas concepciones que venimos criticando manejan la gestión
institucional (y la política educativa) gestionan la información
para controlar, prevenir o erradicar el conflicto y eliminar las contradicciones.
Todo debe ser aséptico. Si no alcanzan las disposiciones y técnicas
del manejo/construcción de la imagen y los díscolos no se adecuan,
creen que la contradicción puede resolverse, o eliminarse, poniendo
afuera o expulsando a uno de sus polos u ocultando, aislando o silenciando
al emergente.
Para ellos el conflicto, el debate, el disenso profundo, la oposición,
es un mal que debe evitarse o extirparse. De allí que necesitan que
sea mal visto, que sea catalogado como anormal o disfuncional. Esto es evidente
y no requiere mayor comentario. Pero sí es importante señalar
otros mecanismos de decisión que pueden ser perniciosos para
la producción de información y conocimiento. Uno es el democrático.
Antes de tachar de hereje tal afirmación, considere que todo lo
bueno que tiene la forma de gobierno democrática frente a la militar
y de facto no implica que sea aplicable a todos los órdenes de la
vida. Sin ir muy lejos, Ud. ni nadie admitiría que la votación
de una mayoría dictamine qué religión debe ser la suya.
Ni siquiera de qué club de fútbol. Porque hay cuestiones que
no son materia de votación: los principios y los afectos, entre otras.
En muchas oportunidades ciertas concepciones evidencian distintos puntos
de vista filosóficos o ideológicos subyacentes. Pretender liquidar
esas discusiones mediante una votación va a contramano de cómo
avanzó y avanza la ciencia y la cultura, y tiende a la pelea por
obtener puestos de poder o por conseguir adeptos que levanten la mano, en
vez de dedicarse a profundizar los estudios y a superar las propias producciones
y afirmaciones. Porque una buena polémica, incluso muy profunda y
con mucho antagonismo, que termine "sin solucionarse", con los contendientes
originales más convencidos de su propia postura, puede ser muy positiva
para ambas posiciones, si han sabido escuchar y respetar al otro: se
habrán visto obligados a mejorar la propia argumentación o
detectar huecos en ella y trabajar para superarlos. Muchas veces es preferible
dejar abierta la polémica que cerrarla de cualquier forma. Y si es
necesario tomar alguna determinación, cuanto más votar acciones,
no concepciones.
Otro mecanismo de decisión que también debe manejarse con
cuidado es la búsqueda del consenso. En ocasiones, temerosos de que
el conflicto siga en pie o se extienda, se trata de resolverlo buscando
un mínimo común denominador o que los bandos en pugna lleguen
a un arreglo. Con esto muchas veces se fomenta la mediocridad y la parálisis
en la producción intelectual. De nuevo lo mismo: si no podemos arribar
a un consenso que resulte una síntesis o superación del conflicto,
es preferible arbitrar mecanismos para continuar los debates con seriedad
y responsabilidad y frente a la necesidad de decisiones inmediatas, consensuar
acciones, no achatar concepciones.
Evidentemente para todo esto no hay una receta y cada situación,
por difícil que se nos presente, será también motivo
de nuevos aprendizajes y lo que es más importante, podrá implicar
eso que pocas veces se habla y menos aún se logra, pero que
es muy importante de conseguir: ir construyendo espacios "donde lo compartido
no sea impuesto como común, sino lo acordado a partir de diferencias"
(1), que posibiliten no sólo defenderse frente al vaciamiento conceptual
y de impedir que la construcción de lo público esté
fundamentalmente en manos de lo mediático, como hoy, sino para ir construyendo
otro presente y otro futuro.
En el texto anteriormente citado, Puiggrós señala que "Nadie
ha reflexionado suficientemente en la posibilidad de sumar las nuevas tecnologías
al proceso educativo sin deshumanizarlo ni perjudicar al docente". En realidad
sí hay importantes posibilidades de utilizar las nuevas tecnologías
de la información y de las comunicaciones para esto que estamos hablando,
ya que posibilitan nuevas maneras de relacionarse, de gestionar las instituciones
y de producir intelectualmente. Siempre y cuando lo hagamos apropiadamente
y desde una posición basada en valores y principios ajenos al mercantilismo,
descreyendo que la Escuela sea una institución adocenadora y meramente
transmisora de la ideología de un sector de la sociedad.
En el NE 117 (octubre de 2000), hablábamos que el
fenómeno del software libre (GNU/Linux) estaba poniendo en evidencia
un nuevo modelo en la producción de conocimientos. Gente sin conocerse,
sin tener vínculos físicos directos, sin pertenecer a una
misma empresa, estaban produciendo tecnología de punta y gratuita.
Sistemas operativos poderosos y miles de programas se estaban haciendo en
esa manera y eran libres para usar. E incluso haciendo ese producto que
no se venderá nunca, ganan plata y no poca. No tiene caso aquí
hablar de estas paradojas, pero sí resaltar dos aspectos importantísimos:
" Hay allí un modelo (en realidad varios) de la gestión
y producción de conocimientos.
" Ese mismo software (libre, gratuito) posibilita crear redes de intercambio
y de producción, espacios virtuales para compartir ideas y elaborar
en equipo, y mucho más. Con muy poca inversión en equipamiento
(que generalmente está) se pueden hacer maravillas a un costo mínimo
(algunos cables, algunas placas), la clave está en querer hacerlo
(y saber, pero esto se soluciona mucho más fácil)
Pongamos un simple ejemplo de una actividad antes impensada. Muchos chicos
de todas las escuelas, especialmente de las carenciadas o de zonas marginales,
necesitan apoyo para entender las materias, hacer sus ejercicios, plantear
sus dudas. Y quienes más lo necesitan son quienes menos pueden obtener
ayuda afuera de la escuela, porque viven en familias pobres, desocupadas
o culturalmente empobrecidas. ¿Y cuántos adultos jubilados
o confinados por una discapacidad física, con un nivel cultural
importante y todo el bagaje que le dio la vida, podrían "adoptar"
un chico, un curso, una tarea si se les ofreciera un medio adecuado para llegar
a ellos que se adaptara a sus posibilidades?
Crear una lista virtual en una escuela para que los alumnos planteen
sus dudas de matemática y que la misma sea atendidas vía correo
electrónico por adultos que quieren ayudarlos (o con ex alumnos de
la institución) es algo que no cuesta casi nada utilizando software
libre. Ni siquiera se necesita una conexión full a Internet. Y hasta
podría hacerse con cero pesos en gasto de teléfono (menos para
el adulto que colabora, que probablemente ya tenga Internet o puede pagar
unos pulsos su teléfono). Y es un ejemplo. O como hacen algunos docentes
y directivos de una zona de la provincia de Santa Fe (Región V),
que han creado un espacio virtual para ayudarse mutuamente en la elaboración
de los contenidos curriculares concretos de los módulos del TTP de
Informática (owner-ttpinfo@intercol.org.ar). También hay muchas
posibilidades para los procesos de actualización y capacitación
permanente que hoy se desaprovechan (o se eligen las más caras)
Hay muchas estrategias que pueden desarrollarse para compartir e integrar
la información estructurada y cuantitativa (estadísticas, etc)
con la no estructurada (documentos de texto) y trabajarlas entre personas
que no se conocen pero que desean aportar sus saberes en la producción
de nuevos. Y muchas de ellas están al alcance de la mano aunque no
aparezcan así todavía hoy, justamente porque no hay mayor interés
en que ello ocurra.
Si bien existen excepciones, la mayoría de los funcionarios teme
ese tipo de encuentros en donde no pueden estar o controlar, y en los que
tampoco tendrían mucho que decir si se los despojara del puesto que
transforma su palabra en ley. Pero quien tiene fundamentos, quien no teme
al debate, quien está comprometido con los chicos y quiere lo mejor
para ellos, sabe que el conocimiento es uno de los pocos bienes que al compartirse
crece. Y embarcarse en nuevas relaciones que generen aquellos espacios que
hablábamos, sólo podrá significar la pérdida
del aislamiento y un mundo nuevo por ganar.
Deberíamos repensar lo que significa hoy la "sociedad de la información",
si puede ir hacia la "sociedad del conocimiento", para avanzar hacia una
"sociedad del aprendizaje", claro que son definiciones de sociedad que realmente
no hablan de la verdadera sociedad aunque nos permiten pensar un poco más
allá.
En un mundo muy injusto hay poco espacio para las utopías pero
tendremos menos espacio en él sin ellas.
Fernando J. Pisani
fjpisani@intercol.org.ar
Bibliografía:
Fenstermacher, Gary D., "Tres aspectos de la filosofía
de la investigación sobre la
enseñanza",
en "La Investigación de la enseñanza, I" , Merlin C.
Wittrock .
Editorial Paidós,
España, 1989.
Litwin, Edith, "El
campo de la didáctica: la búsqueda nueva" en "Corrientes didácticas
contemporáneas",
Paidós, Buenos Aires, 1998.
PUIGGROS, Adriana. Volver a educar. El desafío
de la enseñanza argentina a finales del siglo XX, Ariel, Buenos Aires,
1995.
volver a www.cignux.org.ar
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