quijoteypinguino
Pág de Fernando Pisani
 
inicio
artículos
educación
 
 
 
software libre
cv
contacto
sitios de interés
   
   
   

 

Suplemento Educativo
Entrevista

      La Capital                     Sábado 9 de noviembre de 2013


Como escuela y país, necesitamos formar buenas personas y técnicos

Para el educador Fernando Pisani, los cambios en educación "no se logran desde escritorios autistas".

Por Matías Loja / La Capital - mloja@lacapital.com.ar


Pisani_Fernando_taller_escuela_técnica

Pisani asegura que la educación técnica es hermosa porque enseña a cambiar pequeñas pero importantes cosas en este mundo. (Foto: H. Rio)

Fernando Pisani es uno de los principales referentes de la educación técnica santafesina. Y no es una exageración. Docente en escuelas de Rosario y ex titular de esta modalidad a nivel provincial, se confiesa como un "enamorado" de la escuela técnica.

Entrevistado por La Capital, describe el largo derrotero de la educación durante los últimos treinta años, desde la recuperación de la democracia hasta la consolidación neoliberal de los ‘90. De la última década destacó la sanción de la ley de educación técnico-profesional en 2005, pero planteó reparos respecto de la aplicación dispar en cada provincia. Entiende que "como escuela y como país necesitamos formar, además de buenas personas, buenos técnicos". Pero advierte que "eso no se logra desde escritorios autistas y sin pasión por nuestras escuelas".

—A treinta años del retorno de la democracia, ¿cuáles son los hechos más significativos por los que atravesó la educación técnica?

—La escuela técnica —y los técnicos— fueron una de las bases fundamentales para el desarrollo económico y social del país de mediados del siglo XX. Tal vez por eso fue uno de los sectores educativos más afectados por las políticas económicas implementadas por las últimas dictaduras cívico-militares y en las dos primeras décadas del retorno a la democracia. Porque se conjugaron dos elementos clave, el ataque y desmantelamiento de gran parte del aparato productivo industrial del país y los procesos de grandes transformaciones tecnológicas, científicas y productivas a nivel mundial, con su correlato: se necesitaban cada vez menos técnicos y al mismo tiempo la escuela técnica se desactualizaba en saberes y equipamiento. Paradójicamente, el golpe de gracia se da con el advenimiento de la democracia. Los primeros gobiernos continúan sometidos a la lógica neoliberal e incluso profundizan el proceso de vaciamiento del Estado, pero también por concepciones ideológicas que bajo un discurso académico, progresista y "educativo" imponían el modelo neoliberal.

—¿Cómo se evidenció eso?

—En el Congreso Pedagógico bajo el gobierno de Alfonsín se establecen las pautas y criterios que luego se concretarían bajo el gobierno de Menem: el proceso de transferencia de las escuelas nacionales a las provincias y la promulgación de la ley federal de educación, votada por unanimidad por peronistas, radicales, socialistas, conservadores, que tenía entre otras una característica distintiva: hacían desaparecer a las escuelas técnicas y sus títulos. Tenía que ver también con las condiciones de otorgamiento de préstamos de organismos internacionales. La educación financiada por esos dineros sólo debía ser la común a todos. Es así que mientras en la primera década de la democracia la escuela técnica estuvo abandonada a su suerte, en proceso de deterioro a todo nivel, la segunda década estuvo signada por la lucha por existir. Y así se consiguieron algunos paliativos. De más de 120 títulos técnicos que existían en el país, se consigue que se acepten a regañadientes una docena de ellos, pero encorsetados en un formato absolutamente inadecuado: los llamados trayectos técnicos profesionales (TTP), que transformaban a la escuela en un rompecabezas. Todo esto trajo como resultado una caída de la matrícula y en los aprendizajes. También aquí las escuelas debían hacer malabarismos y ocultar prácticas para darles a los alumnos una formación que mereciera el nombre de técnica. El fin de la segunda década también marcó la crisis absoluta del modelo neoliberal. En 2001 no asistimos a la caída de un modelo por el advenimiento de otro mejor, sino que fue el derrumbe por propio peso de las políticas que tanto daño hicieron al país. Con el fin de la paridad cambiaria y la devaluación del peso se dan algunas tibias recuperaciones de sectores productivos que pusieron de manifiesto el desastre producido en la educación: había demanda de mano de obra calificada, pero no había gente preparada para ello.

—¿Qué otra evaluación hace de la última década?

—El inicio de la tercera década coincidió con la aparición de un presidente desconocido, pero que no tuvo dudas de lo que había que hacer y su primera orden a sus funcionarios fue: "Las escuelas técnicas deben volver". Se inicia un proceso de esperanzas y cambios que triunfa y se corona en el 2005 con la promulgación de la ley de educación técnico-profesional; y con la creación de un fondo de financiamiento anual para garantizar el equipamiento de todas las escuelas. Pero como vivimos en un país federal y las escuelas pertenecen a cada provincia, el proceso de recuperación de las técnicas y de sus títulos es trabajoso y desigual, con gobiernos provinciales que han resistido a los cambios defendiendo en los hechos los planes de estudio de la ley federal. Santa Fe recién este año aprobó uno de los títulos más tradicionales de las escuelas técnicas, el de mecánico, y siguen negándose a aprobar otras tecnicaturas, como la de electricista, en aire acondicionado y refrigeración, entre otros. De cualquier forma, recordando el duro camino recorrido, la escuela técnica puede mirar con esperanzas la nueva década que comenzará el mes que viene. Pero no puede bajar los brazos. Ni hacia afuera ni hacia adentro, tenemos mucho que mejorar en lo que hace a los aprendizajes de nuestros alumnos y a nuestra tarea docente.

—¿Por qué decidió ser profesor de escuela técnica?

—En realidad fue al revés: algunas escuelas técnicas creyeron que yo podía servirles de algo y a regañadientes acepté. Y terminé enamorándome. Y tenía el privilegio a esa altura de mi vida de poder decidir qué hacer y dónde, pero ese privilegio venía de dos cosas: los esfuerzos que hicieron mis padres y fundamentalmente de la muy buena educación que recibí en las escuelas estatales, la primaria en Concordia (Entre Ríos) y la secundaria en Córdoba. Desde entonces trato de devolverle a la escuela algo de lo que la escuela hizo por mí. ¿Y qué significa para mí la enseñanza técnica? Técnica viene de téchne, es decir, de "arte", lo que implica hacer las cosas con arte. Un poeta de principios del siglo pasado dijo que "el arte no es un espejo para reflejar el mundo, sino un martillo con el que golpearlo". No creo que sea para tanto, pero sí un cincel. Y el mundo necesita cambios. Algunos muy profundos y drásticos. Pero otros, los que están más en nuestras manos, cotidianos, del día a día. Y en la enseñanza técnica lo que en definitiva se enseña es a cambiar pequeñas pero importantes cosas de este mundo. Se enseña a crear, así sea una pieza de hierro, un banquito o un velador. Y eso es hermoso.


Nota relacionada en misma página

Sobre fortalezas y debilidades

—A poco de recordarse el Día de la Educación Técnica (15 de noviembre), ¿cuáles son las debilidades y fortalezas de esta enseñanza?

—Como fortalezas marco la ley de educación técnico-profesional y el fondo económico para las escuelas. Políticas económicas nacionales que promueven la industrialización, la producción y el pleno empleo. También el arraigo de las escuelas técnicas en sus comunidades. Trabajoso pero seguro proceso de recuperación de su identidad. Y como debilidades, hay deficiencias en los aprendizajes en general. Justamente producto de los ataques que sufrieron los niveles de enseñanza primario y secundario en las últimas décadas. También de perduración de la concepción de la escuela como contenedora y del docente como facilitador. Otra debilidad es la necesidad de una mejor actualización docente —en servicio y fuera de él— y de una mayor vinculación con la producción real, pero con la lógica de la escuela, no de la empresa. Hay planes de estudio aún deficientes y poca participación real de docentes y directivos en las decisiones que afectan a las escuelas, en los títulos y en las prácticas; que en general son decididas por equipos que no están consustanciados con la esencia de esta enseñanza y sí más vinculados con las políticas que la atacaron. Y como escuela y como país necesitamos que formemos, además de buenas personas, buenos técnicos, que sepan diseñar, ver más allá, estar empapados en los fundamentos de su tecnicatura. Y eso no se logra desde escritorios autistas y sin pasión por nuestras escuelas.

Publicado en Suplemento Educativo  Diario La Capital

Seccion Impresa Diario La Capital

http://www.lacapital.com.ar/ed_educacion/2013/11/edicion_226/contenidos/noticia_5071.html


Nota relacionada:
http://www.lacapital.com.ar/ed_educacion/educacion/Sobre-fortalezas-y-debilidades-201311-226-5072.html

¡CSS Válido!