Fernando Pisani (*)
Las escuelas técnicas son el
sector más golpeado por la reforma educativa,
aunque aún no se hayan percibido todas las
consecuencias. La manera que se llevó
a cabo la implementación agravó
los vicios de origen y sin correctivos,
es probable que la escuela técnica
vaya desapareciendo, aunque quede el nombre en
la fachada de cada institución.
El secundario en la Argentina nace con los
colegios nacionales, bachilleratos pensados
para educar a los hijos de las clases pudientes
en su tránsito a la universidad.
Posteriormente surgen las escuelas de oficios,
para los hijos de obreros. Durante el proceso
de sustitución de importaciones,
las escuelas de oficio ceden el lugar a
las escuelas técnicas, bases para el
desarrollo económico del país (para 1950 surge
también la Universidad Obrera que luego dará
lugar a la Universidad Tecnológica
Nacional).
El mundo y la Argentina cambian, y la educación
necesita transformaciones en todos sus niveles,
en particular las escuelas técnicas.
Pero los mentores de la última reforma educativa
-plasmada en la ley federal de educación
aprobada en 1993- ven otra cosa. No consideran
necesaria la escuela técnica. Con
una incorporación del área
tecnología y de alguna visión
del mundo del trabajo alcanza. Todas las
escuelas (medias y técnicas) deben desaparecer
dando lugar al llamado polimodal.
Este planteo es coherente con un modelo
de país: ¿para qué
la formación técnica si casi no va a
haber industrias? ¿para qué invertir en ella si
finalmente la mayoría quedará
desocupada y los que consigan trabajo no
lo harán por dicha formación?.
Los trayectos
técnicos profesionales
Las escuelas técnicas
resistieron el primer embate. Sólo a raíz de
protestas se incorporó la figura del
Trayecto Técnico Profesional (TTP),
como complemento que estas escuelas podían
adoptar para poder ofrecer algún
título técnico, ya que se le prohibió
seguir ofreciendo las anteriores titulaciones.
Evitar la eliminación de buena parte de la
educación técnica de la Argentina, de lo que no
queda excluída Santa Fe, requería
tomar medidas en la implementación
del polimodal que contrarrestara los efectos
adversos. Había que atender a la
identidad de esta enseñanza, paliar
el quiebre entre el polimodal y los TTP, y por
el lecho de Procusto que imponía que las más de
doscientas tecnicaturas existentes en el país,
debían desaparecer admitiéndose
sólo doce a las que había
que encorsetarse.
Frente a esto la jurisdicción agrava
el problema: llama a padres y alumnos a
inscribirse en "la oferta de polimodales
de la provincia de Santa Fe", excluyendo
en la información a los TTP, es decir,
a la formación técnica, y todas las
escuelas son presentadas como polimodales. A
esto se suman los problemas de pérdida de
matrícula en muchas técnicas, afectadas
por otras medidas como la reubicación
del tercer ciclo de la EGB en escuelas primarias.
Así ven cerrar divisiones de 8º
y 9º años, cuando en realidad
la obligatoriedad de esos años haría
pensar todo lo contrario.
Se completa este panorama con criterios
de evaluación y promoción
que tienden aún al desgranamiento y a
incrementar la exclusión. En varias escuelas, si
no fuera por el comedor escolar, el plan de
becas y el medio boleto, la situación sería
aún peor, lo que no es para orgullecerse.
¿Competencias
o capacidades?
La provincia no realizó el
diseño curricular de los módulos en que se
organizan los TTP, ni capacitó a
los docentes sobre lo que implica su estructura
modular, que no son materias, ni disciplinas,
ni áreas: son módulos con
toda la carga pedagógica y de contenidos
que ello implica. Y a falta de él,
las escuelas -como pudieron- tomaron los módulos
que elaboró el Instituto Nacional de Educación
Tecnológica, sin ser orientados de
que ellos están pensados en las competencias
laborales, pero la escuela no enseña
ni evalúa competencias laborales.
La escuela enseña y evalúa
capacidades, por lo que aquellos módulos debían
y deben ser transpuestos para el ámbito escolar.
Todo esto afecta la calidad de lo que se
enseña, produciéndose en muchos casos un
vaciamiento de contenidos, porque a veces el
docente termina dando lo que daba antes, que
tenía sentido importante en un programa
de estudios estructurado y coherente que
hoy no existe más. O intenta enseñar
lo nuevo a la manera que se daban las materias
teóricas o el taller, viendo que
muchas veces lo expuesto en los módulos
del Inet son imposibles de dar en las horas
asignadas.
Se sabía que esta transformación
afectaría distinto a las escuelas
medias que a las técnicas, porque el polimodal
está más cerca del bachillerato. Con el
agravante que no se crearon todas las horas
necesarias para la "polimodalización"
ni se dio la capacitación a los docentes.
Por eso los talleres y el lugar educativo
de los maestros de enseñanza práctica
(MEP) quedan en la nebulosa, oscilando entre
la extinción, el parche y el ajuste.
No existe un proyecto educativo capaz de
jugar un rol activo en el proceso de reconstitución
social y salida del marasmo actual. La política
educativa se reduce a atemperar el conflicto,
a ajustar y a perdurar, mechada con dosis
de asistencialismo.
Aún se pueden implementar cambios
que atenúen y reviertan estos daños.
Y mientras no se hagan desde la jurisdicción
santafesina, la alternativa que tienen las
escuelas es lo que están haciendo
con éxito dispar muchos directivos
y docentes: defender la educación
técnica desde el propio lugar de trabajo,
esperanzados con la frase de que "las
administraciones pasan y las instituciones
quedan". Lo grave es que por nuestra propia
inoperancia varias generaciones de chicos
terminan siendo usados como "conejitos de
Indias" o deben pagar con una insuficiente
formación y poca preparación para defenderse
en un mundo complejo y hostil.
(*) Docente del Politécnico (UNR)
y de la Escuela Técnica Nº 468.
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