Antes de la ley federal de educación (LFE) en el país
existía un único modelo de estructura y niveles:
preescolar, primaria (siete años), secundaria (cinco o seis),
terciaria/universitaria. Hoy la fragmentación es total, con 55
modelos distintos, de los cuales Santa Fe aporta nada menos que
cinco, y un común denominador: injusticias, grandes problemas
e insuficientes aprendizajes. Esta diversidad mayoritariamente viene
del invento de los teóricos e implementadores de la LFE: el
tercer ciclo de la EGB-llamado comúnmente EGB3-, (compuesto
por el 7º grado de la vieja primaria y los dos primeros de la
vieja secundaria), y de su localización.
Llegamos a esto por un modelo de país y sus políticas,
que no priorizaron las necesidades y aprendizajes de los alumnos,
sino las recetas de los especialistas y de funcionarios plagados de
improvisaciones, los intereses corporativos y la visión de
caja chica, con decisiones tomadas por el lado del "menor gasto"
(más caro socialmente y a la larga también
económicamente).
Lamentablemente aún hay gente con poder que defiende la
primarización de la EGB 3, o su independencia. Recordemos que
este modelo de la ley federal promovió la destrucción
de la secundaria, léase escuelas técnicas y medias, y
si no lo lograron del todo fue por la resistencia de las escuelas.
También debilitaron a la primaria y sus resultados en
aprendizajes: se pasó de una escuela graduada a una escuela
ciclada (para colmo en tres años, en vez de dos). Y le
quitaron las certificaciones, tema del que hoy casi nadie habla.
Porque antes, tener un certificado de primaria tenía un valor.
Hoy ese alumno que termina el séptimo no obtiene ningún
certificado, incluso aunque apruebe el año siguiente pero no
termine el noveno, lo que ayuda aún más a la exclusión
social, aunque no lo reconozcan los noventistas.
Para ellos la secundaria debe estar reducida a tres años,
más precisamente en el polimodal. Por suerte la mayoría
del país se dio cuenta de que la educación de nivel
medio o secundaria debe tener como mínimo seis años,
curricular e institucionalmente. Así lo establecimos en la ley
de educación técnico-profesional aprobada el año
pasado, que establece un plan de estudio de mínimo seis años
y no el rompecabezas para armar de hoy, que destruye la propia
identidad de la escuela media y esquizofreniza a más de un
docente, alumno y padre con distintas siglas, criterios de
evaluación, reglas.
Por ello el ciclo EGB 3 no puede seguir "primarizado"
(en Santa Fe ocurre en unas 150 escuelas). No sirve decir "hay
que evaluar antes", cuando los resultados están a la
vista. Llamativamente no tuvieron el mismo criterio de evaluar antes
de imponer una implementación que terminó por usar a
los alumnos, docentes y escuelas de conejitos de Indias.
Desde que Santa Fe comenzó a poner la EGB 3 en la primaria
(error que hoy reconoce la ministra de ese entonces), manifestamos
que aun estando ediliciamente en una primaria, debería
depender pedagógicamente de una escuela media o técnica,
creándoles un puesto de vicedirector. Nunca lo conseguimos.
Hoy muchos tenemos esperanzas de que la nueva ley resuelva esto en
favor de los alumnos y sus aprendizajes.
El polimodal tal cual lo conocemos debe desaparecer. Ya la
ministra que encabezó la ley federal en la provincia tuvo la
grandeza de reconocer que fue un fracaso (La Capital, 22/4/06). En
realidad la llamada "Educación polimodal" no existe,
porque el alumno recibe una educación "monomodal"
-sea lo que fuera eso-. Por el contrario, el ciclo superior del nivel
medio debe estar orientado con algún tipo de terminalidad, que
prepare para la vida, el mundo del trabajo, los estudios superiores.
Y debe ser obligatorio. Mientras no lo sea, la escuela media estará
fragmentada. Y con pocos recursos, "porque no es obligatoria".
Los noventistas, en vez de la obligatoriedad, hoy proponen la
"universalidad". Eso forma parte del modelo del Estado
ausente. Porque la sociedad hace más de treinta años
que necesita la secundaria como obligatoria, (hace 90 necesitaba ello
de la primaria). Si no mírense desde los sesenta los
requisitos que se piden para un trabajo. No podemos seguir mirando
para el otro lado. Usan para argumentar que algunos docentes no
acuerdan con la obligatoriedad. Pero se olvidan de señalar que
esa minoría en realidad teme que se aplique el modelo de
obligatoriedad de la LFE, que promueve retener y hacer pasar a los
alumnos a cualquier costo, y de las presiones que sufrieron-y sufren-
para ello -por pérdida de divisiones, de categoría,
etc-. La obligatoriedad que necesitamos debe ir de la mano de la
calidad y de la exigencia, de la cultura del trabajo y de los
valores, aunque ello nos lleve varios años. Lo que implica
también plata y esfuerzo: pues sin espacios apropiados,
profesores tutores, recursos, cambios en cómo concebir la
comunidad escolar y el trabajo con los adolescentes, cambio en la
actitud de las familias, y cambios también en las políticas
ministeriales, sería aquella obligatoriedad que no nos sirve.
Por eso tenemos que pensar en un nuevo modelo de escuela básica
-o primaria- y de escuela secundaria, ambas emitiendo
certificaciones.
Hoy nadie sabe dónde empieza el nivel medio en Argentina,
si en el 7º, en el 8º de la EGB, en el 1º del
polimodal. La nueva ley debe dejar claro que el primer año del
nivel medio debe empezar en lo que hoy es el 7º (o en el 8º,
si se estima que es pedagógicamente mejor para el/la
alumno/a), y aplicarse en todo el país, con todos los recursos
para implementarlo, plazos razonables y las seguridades laborales
garantizadas.
En la secundaria deben volver las disciplinas (historia,
geografía, física, etc.) eliminadas por la
implementación. Pero no fragmentadas a la manera anterior,
sino con otro enfoque y didácticas acordes, lo que implica
también la actualización docente.
Hay cambios que pueden proponerse y planificarse ya, pues hay
chicos que están perdiendo su oportunidad de tener la
educación que merecen en la edad que corresponde. Por ejemplo,
desde Santa Fe en el 2004, sin recursos, comenzamos a levantar a las
escuelas técnicas eliminadas por la LFE e impulsamos una ley
nacional que les diera legalidad y recursos, lo que logramos entre
todas las provincias bajo el impulso del presidente en septiembre del
2005, con la ley de educación técnico-profesional, y lo
seguiremos reforzando el 2006 con los recursos que supimos conseguir
y tendremos año a año. Se puede. Simplemente hay que
romper con el modelo de la época del menemismo, que comienza a
nacer desde Martínez de Hoz.
(*) Ex Jefe de Educación Técnica de la provincia de Santa Fe
fjpisani@intercol.org.ar
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