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| lLunes 22
de agosto de 2007 |
Reflexiones
¿Nadie escuchó nada?
Por Fernando J. Pisani (*)
Cuando vimos por primera vez las imágenes de esos alumnos destrozando
bancos y sillas, el estupor, el dolor y la indignación fueron los
sentimientos más extendidos en aquella sala de maestros. Y surgieron
las primeras preguntas: ¿cuándo y dónde estaban todos y cada uno?
¿Nadie se dio cuenta?
Más tarde, y a medida que pasaban los días, nuevas informaciones
mostraban que en cierta medida todo era más grave de lo que se suponía,
y en algunos aspectos menos, valga la paradoja.
Pero en aquel momento, cuando se repetían las imágenes con las sillas o
mesas en alto arrojándolas sobre las demás, golpeándolas, apilándolas
en un desorden destructivo, un colega dijo: “Me recuerda a los que
hicieron la ley federal, ellos trataron así al sistema educativo, como
estos chicos están tratando los bancos, pero estos chicos están
actuando, lo de ellos es mil veces peor”. “Y ahora lo quieren hacer de
nuevo con esta nueva ley educativa que quieren imponer en Santa Fe”,
acotó un tercero.
Ocurre que lo que se hace hoy en educación no se nota sino muchos años
después. Y entonces luego nos asombramos de los resultados...
La rotura de sillas, de baños, de inodoros y demás es tristemente algo
frecuente en muchas escuelas. Esa pérdida del cuidado del bien público,
¿tiene o no que ver con el abandono que el Estado hace de muchas
escuelas?
Las aulas donde dan clases esos alumnos hace años que están sin
mantenimiento, el revoque se cae a pedazos, hay grietas y rajaduras, el
aire se cuela por todos lados, el frío es insoportable (por eso alumnos
y docentes llaman a ese sector la Siberia). Y sin gas en la escuela
desde hace años.
¿Y el sentido de pertenencia, de identidad? Faltan porque la propia ley
federal destruyó las identidades de las escuelas y en el caso de la
escuela técnica la eliminó del sistema educativo
Cuando nos preguntamos si alguien oyó un ruido, ¿saben que de los
57.130 alumnos que terminan séptimo año no reciben el certificado de
primaria pues el gobierno de Santa Fe prohibió darlo (y no necesitó
ninguna ley provincial para hacerlo), y dictaminó que sólo recibirán el
certificado si terminan la EGB, es decir, el 9º año? Por esa razón
quedaron en la nada, el año pasado, 9.519 chicos, pues sólo 41,611 de
aquellos terminó el 9º.
¿Y qué ruido provocan esos chicos que se transformarán en adultos sin
siquiera el certificado de la primaria, aunque la terminaron?
Multiplíquese esa cifra por los años que hace que está ese modelo y
tendremos una pálida idea de la tragedia que provocan estas recetas.
Pero lo que vivió, vive y vivirá cada alumno “que fracasa” y sus
familias, no es cuantificable. Y no sale en los noticieros ni despierta
indignación.
¿Y la estafa que significa que muchos que sí terminan la secundaria o
esa EGB pero no saben lo que deberían saber o lo que acredita su
certificado?
El video no es la filmación de un acto de violencia protagonizado por
unos alumnos, sino que actuaron violentamente para protagonizar un
video y subirlo a Internet. El que lo hayan hecho a cara descubierta, e
insistieran en la violencia nuevamente para que otros también pudieran
salir en él, dice muchas cosas, entre otras que nadie les ha sabido
poner los límites hasta ahora y reafirma lo que sabemos: que hay un
sentido de impunidad extendido a todos.
En las escuelas donde pasaron su adolescencia (8vos y 9nos), no podían
ponerles límites ayudados con ningún tipo de amonestación o sanción (a
ellos o sus compañeros) porque el propio Ministerio lo prohibió a
partir de la ley federal. Y para años posteriores tampoco valen para
nada las amonestaciones ya que no provocan ni expulsión, ni sanción, ni
nada
concreto.
Como ellos varias generaciones de alumnos están siendo formados en la
total permisividad propiciada por la política del Ministerio, a lo que
se suma el debilitamiento de la autoridad de los maestros y directivos
y la impotencia resultante, más cuando enfrente tienen a modelos de
gran impacto como el “Minuto de Fama”, la violencia, falta de ética o
el facilismo estimulado por muchos programas televisivos, y la
situación social general.
Lo mismo ocurre con los padres. Algunos no sólo que no saben o no
pueden poner límites a sus hijos, sino que impiden que se los pongan:
van a protestar por un aplazo o porque se los mandó a rendir (en vez de
estimularlos a que estudien y exigirles que sean aplicados), o como
algunos padres de estos chicos, que han puesto abogados, que con su
leguleyo y amenazante manejo de la palabra exigen que se les saquen a
sus hijos las únicas sanciones que son verdaderamente sanciones. Con el
silencio cómplice del Ministerio. Y a veces no sólo con el silencio.
Quién sabe cómo terminará esta historia, si los directivos y docentes
de esa escuela podrán dar una respuesta correcta e integral a esta
crisis (empezaron bien no expulsándolos sino suspendiéndolos por 15
días), o si cederán a más de lo mismo.
Pero el problema no termina con la necesaria sanción de los alumnos.
Hay una cadena de responsabilidades, individuales, institucionales,
sociales. Seguramente alguien escuchó el ruido pero como no era frente
a sus narices o “no tiene que ver conmigo”, producto del “no te metás”
y del individualismo feroz de estas décadas, hacemos oídos sordos para
muchas cosas, no nos involucramos, no nos responsabilizamos.
Y en el primer lugar de esa cadena de responsabilidades está el Estado
y las administraciones que descoyunturaron al sistema educativo, que ya
andaba a los tumbos antes. Con todas las inequidades que promovió, y
cuyos efectos recién se avizoran. Modelo que propiciaron los mismos que
hoy nos quieren imponer una nueva ley que nuevamente ataca a las
escuelas, especialmente a las escuelas medias y técnicas, y defiende el
neoliberalismo, las reglas y valores del mercado. Un gobierno que se
negó a adherir a la ley de educación técnica y no por casualidad con
esta ley ataca los talleres y le quita dos años a la formación del
técnico.
Hay mucho que levantar y trabajar para mejorar el sistema educativo y
salir del pantano que nos metieron. Pero para ello primero de todo se
necesita real convocatoria, real participación, real consenso. Y no
imponiendo una ley continuista de la federal porque manejan un
ministerio y pueden contar con una mayoría de votos en el parlamento.
¿Nadie escuchó nada cuando pasó la ley federal? ¿Y ahora?
Parafraseando a Nicolás Guillén en aquel inolvidable poema: “Ayer vi a
un niño jugando/ a que mataba a otro niño; / hay niños que se parecen /
a los hombres trabajando”: la imagen de los chicos destruyendo bancos
se parecen a ciertos adultos elaborando normas y leyes “educativas”.
(*) Ex director provincial de Educación Media y Técnica de la provincia de Santa Fe
fjpisani@intercol.org.ar
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