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22-05-09 | Reflexiones, por Fernando Pisani (*)

Educación, política y escuelas técnicas

El reclamo de las escuelas técnicas no tiene ni nunca tuvo que ver con alguna agenda electoral. Además, desde hace años los políticos saben que la cuestión educativa debe estar en sus discursos pero no tiene mayor peso en el momento de decidir el voto, lo que es lamentable. Y si no pensemos en los propios docentes, en su mayoría absolutamente en desacuerdo con la ley federal, cuyo reclamo de derogación aparecía en cada manifestación o petitorio, votaban una y otra vez a los partidos que en el Parlamento promulgaron la ley federal (peronistas, radicales, socialistas, conservadores).

Hoy la situación de la educación técnica es crítica, pero no tan mala como años atrás. No hay que exagerar. Las escuelas no están destruidas, se las quiso destruir, pero no es el caso de hoy. Estamos en presencia más de vacío de políticas de crecimiento de la educación técnica, que de un ataque a ellas. Los padres y madres pueden mandar tranquilos a sus hijos, que van a recibir la mejor formación que puede brindarle hoy cada escuela, que no es la ideal, ni es tan buena como todos deseamos: lo mismo pasa con el secundario en general: todavía en Santa Fe seguimos con los mismos malos planes de estudio aprobados bajo la ley federal.

Claro, quienes como alumnos o docentes vivieron la época de oro del Consejo Nacional de Educación Técnica (Conet) la distancia al hoy es gigantesca y es justo reclamar lo que por ley nos corresponde y que los gobiernos hagan lo que tienen que hacer y no sigan dilatando.

Y si bien es exagerado generalizar, sí existe la realidad que se denuncia, especialmente en algunas escuelas hay graves deficiencias en carga horaria, edilicias, en capacitación y lo que es clave para todas, no se han elaborado los planes de estudio para formar un buen técnico ni se han incorporado las tecnicaturas tradicionales, tan necesarias, que hizo desaparecer la ley federal y ahora están aprobadas por Nación hace dos años (como técnico mecánico, electricista, electromecánico, químico, entre otros).

También es cierto que no se ha adherido a la ley de educación técnico-profesional (ETP), que ya tiene casi cuatro años. Es "entendible" en la gestión anterior, que aunque la Cámara de Diputados, con mayoría oficialista, se ofreció a votar la adhesión a la ley de ETP no se les envió nunca el proyecto porque aquella cartera educativa seguía defendiendo en los hechos la ley federal. Pero hoy cuesta entender el atraso. No obstante no es necesario adherir formalmente a la ley para aplicarla.

Tampoco se hace. La provincia no ha diseñado los planes de estudio para esos y otros títulos técnicos, algunos muy interesantes para Santa Fe como técnico en mecanización agropecuaria. Y si alguien piensa que el problema es que esos planes aún no han bajado de la Nación, no tiene en claro cómo funciona el país ni el sistema educativo. Tampoco está informado de las decisiones ya tomadas por Nación sobre dieciséis tecnicaturas.

Vivimos en un país federal. Es responsabilidad de cada provincia el diseño curricular de sus planes de estudio. En Santa Fe los debe aprobar el gobernador. No van a bajar nunca de Nación pues no es función de la Nación hacer eso (la última vez que lo hizo fue antes de la transferencia de las escuelas nacionales a las provincias, cuando la Nación tenía escuelas).

Lo que hace la Nación —con las provincias—, y ya lo hizo, fue aprobar los contenidos que sí o sí deben enseñarse y aprenderse para cada uno de los títulos técnicos, porque si no sería un caos si cada provincia hace lo que quiere, los chicos no podrían pasar a estudiar de una a otra o sus títulos no serían reconocidos.

En septiembre del 2007, resolución 15, el Consejo Federal aprobó los documentos de homologación de cada tecnicatura, "con el propósito de la unidad nacional y organicidad a la educación técnico-profesional, respetando la diversidad federal de las propuestas formativas" y de "garantizar el derecho de los alumnos y egresados a que sus estudios sean reconocidos en cualquier jurisdicción (..."). Sobre estos perfiles técnicos y contenidos definidos por Nación y todas las jurisdicciones, cada provincia debe elaborar el plan de estudio.

Que Santa Fe aún no haya hecho los deberes, hace precario incluso cualquier esfuerzo de capacitación, porque ¿capacitar en qué? ¿capacitar para qué? ¿para qué perfil de egresado?, y así se corre el riesgo de dilapidar recursos o perder tiempo como se está haciendo. Porque plata hay gracias a aquella ley. Plata que hoy las escuelas con esfuerzo están utilizando para equiparse en base a lo que llamamos la elaboración de "planes de mejoras", procedimiento también aprobado por el consejo federal en el 2006, siguiendo los mandatos de la ley.

Pero de poco servirán los equipamientos nuevos si ello no se traduce en los aprendizajes de los alumnos, en sus saberes y competencias. Y éstos dependen de los planes de estudio y de los saberes de los docentes y de su trabajo, de sus cargas horarias, de los espacios físicos y de políticas que apuntalen la formación técnica, con sus talleres y estructuras organizativas.

Aquí sí viene el componente político. Revalorizar y afianzar la educación técnica debe ser una política de Estado, que esté más allá de los partidos políticos y de las gestiones de turno. Defendiendo un modelo de país con fuerte producción con valor agregado.

Es una pena que se siga perdiendo el tiempo y lo peor es que muchos alumnos siguen transitando por el sistema educativo y terminan (o abandonan) sin haber recibido la educación que merecen.

(*) Docente del Instituto Politécnico (UNR) y de escuelas técnicas de Rosario. Ex director provincial de Educación Media y Técnica