Reflexiones
La larga marcha de la educación técnica
Fernando Pisani (*)
La existencia
de algunas tormentas con descargas aisladas y algunos nubarrones
en el horizonte no debe hacernos perder la perspectiva: este año
y el anterior han sido fundamentales para poner de pie a la educación
técnica. En Santa Fe hemos restablecido a las materias técnicas
y su obligatoriedad, así como el viejo sexto año que
se intentó eliminar y el gobernador Jorge Obeid aprobó
los títulos técnicos, entre otras medidas beneficiosas.
A nivel nacional, con
gran esfuerzo entre todas las provincias, luego de más de
medio año de discusiones, elaboramos un proyecto de ley que
este año fue aprobado por las dos Cámaras e inmediatamente
promulgado por el presidente Kirchner. Este, el día de su
promulgación, emocionado, decía que frente a la historia
es fácil justificar el porqué de esta ley. Lo que
no será fácil de explicar nunca es por qué
en la Argentina hubo un período en que no existió
la educación técnica y se intentó hacer desaparecer
a las escuelas ("lo que no permití en mi provincia",
aclaró, dicho sea de paso).
A este panorama promisorio
se le deben agregar el gran consenso que hay en la sociedad sobre
la importancia y necesidad de las escuelas técnicas y la
actitud de empresarios de querer involucrarse para aportar a su
reverdecer.
No es para menos, la
tibia reactivación pone de manifiesto la precariedad de la
oferta de mano de obra calificada, llegando a niveles dramáticos.
Como en Córdoba, donde hay una demanda de más de 15.000
puestos de trabajo sin cubrir y sin poder cubrir, dado que allí,
en la capital de la industria automotor, hace años que no
hay escuelas dando títulos técnicos.
Pero ni los nubarrones
ni el panorama promisorio nos deben hacer perder la perspectiva.
Desde hace casi quince años, las escuelas técnicas
de todo el país vienen realizando una larga marcha para defenderse;
yendo a veces para atrás, para el costado, intentando cruzar
abismos a veces sin suerte y pereciendo muchos saberes y prácticas
fundamentales en el intento. Resistiendo aquí y allá,
avanzando cuando veían una tenue posibilidad y arremetiendo
para agrandar la brecha cuando pensaban que por allí podían
colarse sus talleres, su identidad, evitando el tsunami de la ley
federal y de las políticas de implementación de algunas
jurisdicciones. Y aquella "larga marcha" aún no
ha terminado ni nos podemos dar el lujo de bajar la guardia.
Más modelos que provincias
Mi mamá, maestra rural en 1940, decía siempre: "Cada
maestrita con su librito", frase que escuché repetidamente
por otros y que incluso como docente apliqué sin ruborizarme.
El problema es grave cuando desde esta concepción se aplican
políticas sobre el sistema educativo, tal como ocurrió
en la última década y media, con los resultados por
todos conocidos: más modelos que provincias y problemas sin
resolver. Lo cual se profundiza por la soberbia del especialista
o supuesto especialista, que se considera con derecho a hacer tabla
rasa con lo anterior y exige luego, para rever sus cambios, que
se haga una profunda "evaluación científica"
antes de tocar nada de su "transformación". Como
si antes hubiera hecho él esa evaluación sobre el
sistema anterior o sobre la propia receta que aplicó.
Esta exigencia, que en
otro contexto es necesaria, en realidad esconde un doble objetivo:
impunidad para lo que hizo y mantener las cosas como están,
cuando dichos cambios ni fueron consensuados en su oportunidad ni
lo fueron luego y las críticas florecen por doquier.
Esto plantea una primera
moraleja: todo cambio futuro debe respetar lo bueno de lo que existe
y fortalecerlo, y cambiar lo que a todas luces no funciona como
corresponde.
Pero el problema es más
complejo aún y si no se tiene en cuenta en toda su dimensión
aquella larga marcha puede terminar en una derrota. Cualquier director
de una escuela técnica sabe que hoy la clave pasa por lograr
una buena implementación de la ley de educación técnica
profesional, tanto en la jurisdicción como en la Nación.
Lo que implica armar buenos planes de estudio de seis años
como mínimo, garantizar la transparencia y justicia en la
distribución de fondos para el equipamiento de las escuelas,
actualizar a nuestros docentes en saberes técnicos, establecer
una buena y fructífera relación de la educación
con el mundo del trabajo y de la producción, avanzar en nuevos
perfiles y muchos temas más.
También sabe que
ello no será fácil de lograr por los obstáculos
internos (desde inercias instaladas en la propia escuela y debilidad
de culturas fundamentales -del trabajo, del amor por el saber técnico-
y externos (no en vano hubo más de una década de hegemonía
de otro modelo de país que no necesitaba de la producción
local).
Pero hoy nada de eso
alcanza si queremos evitar nuevos retrocesos o malas sorpresas.
Debemos dar un paso trascendente más: lograr instalar en
la sociedad y sus representantes la necesidad de acordar una política
educativa de Estado concreta frente a la educación técnica
profesional. De manera tal de garantizar -sin importar qué
gestión ministerial o gobierno esté, nacional o provincial-
que exista continuidad en ciertas líneas fundamentales. La
educación debe dejar ser un campo para la improvisación,
el cortoplacismo o la receta propia (copiada o casera).
Es cierto que eso lo
necesitaríamos para todo el sistema educativo. Pero hoy hay
condiciones nacionales y provinciales para lograrlo con la educación
técnica y lamentablemente no con la educación en general.
Hacerlo, a pesar de lo acotado, sería un paso importantísimo
para destrabar el problema general, porque nos obligaría
a meternos en otra dinámica, la del consenso y no de la imposición;
la de responsabilizarnos entre todos, eliminando las barreras políticas
e ideológicas ficticias o corporativas, en pos del bien común,
nuestros alumnos y alumnas.
Por eso, aparte de defender
una buena implementación de la nueva ley, desde ahora y en
concreto tenemos que trabajar para elaborar y acordar aquellas líneas
de política educativa de Estado. No podemos desaprovechar
la coyuntura favorable de tener un gobernador y un presidente comprometidos
con las escuelas técnicas. No podemos desaprovechar que hoy
todas las provincias -y las escuelas- hayan realizado un acuerdo
formidable en torno a la ley de educación técnica
profesional, que la misma no es fruto de gabinetes de iluminados
sino de arduas y fuertes discusiones de todos y con todos para construir
consensos.
No podemos desaprovechar
que, a pesar de matices o de oposiciones tempranas, hoy todos los
gremios acuerdan con dicha ley. No podemos desaprovechar que muchos
empresarios y sus organizaciones se han involucrado en este proceso
y están dispuestos a colaborar. Ni que la sociedad toda hoy
condena el intento que existió de suprimir a la educación
técnica de nivel medio, y la ve como una de las inversiones
a mediano y largo plazo que ayudarán a salir del marasmo
social actual.
Algunas trabas a un acuerdo
de este tipo pueden estar dadas por pequeños egoísmos
o por disputas de alguna paternidad o la imposición de alguna
frase o idea. Nada que no pueda solucionarse. La principal traba
es algo más simple: no se alcanza a ver esa necesidad, hay
que trabajarla, hay que plasmarla en documentos y en compromisos
concretos. Las escuelas, los supervisores, los directivos, los docentes
y no docentes, los alumnos, han hecho mucho por mantener la llama
prendida. Estamos en la recta final. Sólo nos restan los
esfuerzos decisivos. Sigamos.
(*) Especialista en educación
y docente del Instituto Politécnico y de escuelas técnicas
de Rosario. fjpisani@intercol.org.ar
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