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Opinión.
El deterioro escolar en el discurso de la institución inclusiva
El fracaso de un modelo educativo
Hay mucho por hacer en las aulas, pero aún
falta abandonar el sistema impuesto por la ley federal
Fernando Pisani (*)
Si últimamente
en los primeros meses de cada año la escuela secundaria es
puesta en el banquillo de los acusados debido a los bochazos masivos
en los exámenes en el ingreso a la universidad, en este año
el propio Ministerio de Educación de Santa Fe intentó
ponerla en la picota, con una circular enviada a las escuelas donde
exponía estadísticas que “muestran altos porcentajes
de fracaso escolar”, y reclamando a docentes y directivos
“una escuela más inclusiva”.
Nadie duda que
hay mucho que hacer desde nuestras aulas para mejorar los aprendizajes.
Pero las cifras evidencian el fracaso del modelo de escuela y de
sistema educativo propuesto por la ley federal, del cual la actual
gestión ministerial fue parte y sigue siendo defensora.
No por casualidad
se niegan a realizar los cambios promovidos desde la Nación
y que hace años reclaman las escuelas. Ni su “olvido”
de que inclusión sin calidad, o peor aún, inclusión
a costa de la calidad, es una estafa a los alumnos, a los padres
y a la sociedad, aunque den números bonitos, que ni aún
así, alcanzan.
Es que, por
citar una de estas estadísticas, la repitencia alcanza al
13 por ciento de los alumnos en el 8º de la EGB, un dato que
lejos de mejorar crece año a año. La cifra se repite
luego en el polimodal.
Buena parte
de este fracaso se debe a la pobre preparación promovida
por el modelo que primarizó los primeros años de la
vieja secundaria, bajó su nivel de exigencia eliminando los
exámenes y las disciplinas, como historia, geografía,
química, física, biología; intentando con ello
facilitar la retención y la promoción, obligando a
los docentes a utilizar parte del año a dar contenidos que
deberían darse en años anteriores (con lo que se baja
aún más el nivel educativo) y luego entramparlos en
una disyuntiva grave: hacer pasar los alumnos sin que sepan lo que
deben, o desaprobarlos y con ello causar los riesgos, en este contexto
de displicencia ministerial y ley de la selva social, de incrementar
la sobreedad, la repitencia y el abandono.
Pero es más
grave. Esta política noventista que destruyó la identidad
de las escuelas primarias y secundarias y desarticuló el
sistema educativo, promovió mayor exclusión social
a la hora de la titulación. Porque tener un título
de primaria aprobada, si bien no era lo mismo que en épocas
de nuestros padres y abuelos, al menos era algo.
Pues bien, ninguno
de los alumnos que terminó el séptimo año pudo
obtener el certificado de primaria aprobado, pues la escuela primaria
tuvo prohibido darlo: esos alumnos sólo podían recibir
el certificado si terminaban la EGB, el 9º año. La verdad
es que una buena parte de ellos no terminó, se quedó
en la nada, sin el certificado de la EGB y sin el de la primaria.
Recetas trágicas
Todo esto con el drama que significa en una sociedad que ya reclama
el título de la secundaria para conseguir trabajo: multiplíquese
esa cifra por los años que hace que está ese modelo
y tendremos sólo una pálida idea de la tragedia que
provocan estas recetas. Pero lo que vivió, vive y vivirá
cada alumno “que fracasa” y sus familias, no es cuantificable.
Esto lo sabíamos
desde 1993. No había que ser un experto para ver a dónde
conducía la ley federal que destruyó las escuelas
técnicas e hizo desaparecer los títulos técnicos
de nivel medio, fiel a un modelo de país que casi todos queremos
olvidar.
A partir del
2003 hubo nuevos aires, incluso por un efímero período
en Santa Fe (2004 y parte del 2005), sin embargo la actual gestión
paró todos los cambios que se empezaban y terminó
dando la espalda a lo votado por la propia provincia y las demás
jurisdicciones, como la ley de educación técnico profesional,
que a casi dos años se niega a adherir y a aplicar, así
como se han negado a realizar cambios para poner a Santa Fe en consonancia
con la nueva ley de educación.
Las palabras
del ministro Filmus: “La educación es un eje central
y si queremos un mañana mejor hay que destinar los recursos
a la enseñanza", parecen de otra galaxia, o el ministerio
santafesino de otro país, con su política de no cubrir
las horas y cargos que se necesitan, incluso para su modelo de ley
federal, con docentes reubicados en cualquier lado para no perder
el trabajo, pagando las consecuencias los alumnos y sus aprendizajes.
También
se niega a recuperar las eliminadas tecnicaturas de las escuelas
técnicas, tan necesarias hoy, como técnico mecánico,
electricista, químico, electromecánico, en aire acondicionado
y refrigeración, entre otros. El impacto de esto en el proceso
de reactivación económico y de reconstitución
del tejido social es grande, aunque no se vea en lo inmediato.
Además
a las escuelas medias les negaron la vuelta a planes de estudios
integrales y coherentes de cinco años como mínimo,
basados en las disciplinas, que preparen bien para los estudios
superiores y para la inserción en el mundo del trabajo. La
actual gestión sigue manteniendo la escuela polimodal, que
reduce el período de formación de los alumnos en la
secundaria a sólo tres años, pues los otros dos se
primarizaron, aún cuando estén en una escuela secundaria.
Es difícil
lograr una escuela que incluya con calidad. Pero imposible con el
actual modelo. A diferencia de otras provincias que comenzaron con
los cambios, aquí se sigue profundizando el modelo (esto
es comprobable con sólo mirar la división orgánica
ministerial que aprobó esta gestión ni bien asumió,
haciendo depender los primeros años de la secundaria de la
EGB).
La transición
Es cierto que más de una vez han dicho que este año
será de transición. Pero la palabra transición
oculta que no se hace ni hará nada, se deja todo por hacer
al gobierno que viene. Aunque en realidad algo sí se hace:
defender el modelo de escuela guardería, como se vio con
la determinación intempestiva de promover automáticamente
de los alumnos de primer año de la EGB. Esta decisión,
en otro contexto, en base a otro modelo de escuela y normado antes
de empezar el año tiene otra mirada, muy diferente a lo que
se hizo: tapar su fracaso y ocultar que las cifras de repetidores,
del primer año de la EGB eran mayores que las de la secundaria.
Por estos días,
en las paredes del Normal 1 (Corrientes y Mendoza) apareció
una consigna, sin firma, pintada con grandes letras: “Educación:
otro año perdido”.
Ya sería
aleccionadora si se refiriera al 2006, que lamentablemente se perdió
para perjuicio de nuestros alumnos y escuelas. Pero esto es peor.
Hoy, en los inicios del 2007, el sentimiento generalizado, y más
que sentimiento, certidumbre, es que deberemos soportar otro año
viendo cómo se hunden nuestros alumnos víctimas de
un modelo de sistema educativo al que ya la Legislatura y el Gobierno
Nacional escribieron su certificado de defunción.
Es desesperanzador
que la única consigna que podamos tener sea aguardar hasta
que termine la actual gestión —con la esperanza e incertidumbre
que la que venga sea distinta— y dedicarnos a resistir mientras
tanto para que el daño que siguen produciendo sea menor.
*Docente
del Instituto Politécnico (UNR) y de escuelas técnicas
de Rosario. Ex director Provincial de Educación Media y Técnica.
fjpisani@intercol.org.ar
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