Fernando Pisani(*)
Entre las cuestiones
más positivas de la futura ley de educación están
el fin de la ley federal, poner fin al modelo de primarización
de los primeros años de la secundaria, establecer un financiamiento
aparentemente genuino del sistema educativo, y que todo el nivel
medio sea obligatorio. Se queda a mitad de camino frente a la necesidad
de una única estructura del sistema educativo, porque mantiene
una ambigüedad en dónde poner el 7º año:
si el último de la primaria o el primero de la secundaria.
Aunque hoy no pueda implementarse de golpe, la ley debería
establecer para todo el país dónde termina la primaria
y arranca la secundaria.
De cualquier
forma, es auspicioso estar hablando de todo esto.
Si no existe
más entusiasmo en la docencia es porque varios de los teóricos
y funcionarios nacionales y provinciales que hoy tienen peso en
la educación son los mismos que "vendieron" a la
sociedad la ley federal, destruyeron las identidades de nuestras
escuelas y nos obligaron a cambios con los que no acordábamos,
como el intento de eliminación de las escuelas técnicas,
la pérdida de las certificaciones de las escuelas primarias
y la fragmentación y debilitamiento de la escuela secundaria
con inventos que hoy seguimos padeciendo.
No alcanza con
eliminar la ley federal: hay que establecer un nuevo modelo de escuela
y una implementación acorde al espíritu del cambio.
Espíritu que no tienen quienes pertenecen al modelo noventista
y no es de extrañar que intenten defenderlo "cambiando
para que nada cambie". Ya lo estamos viendo en Santa Fe con
la ley de educación técnico profesional que a más
de un año de aprobada, no se implementó y eso que
no dependía de la ley federal ni de esta nueva. Ni siquiera
adhirió a ella y ni cambió la normativa para implementarla
en sus totalidad.
La duda entonces
es si realmente se aplicarán los cambios propiciados por
la nueva ley o si primará el gatopardismo. ¿Qué
implicaría implementarla?: en la primaria que puedan certificar
el fin del nivel, que se abandone el modelo de ciclo de tres años,
sea aplicando el modelo graduado o un ciclo de dos. Y que se tomen
todos los recaudos para erradicar el modelo de escuela meramente
contenedora y se garantice que todos los niños y niñas
sepan las operaciones básicas, leer, escribir, interpretar
textos y manejen los aprendizajes que hoy no se garantizan.
En la secundaria
el panorama es más complejo pues es el nivel que más
sufrió el ataque de la ley federal con el agravante que antes
de ella era un nivel en crisis. En vez de fortalecer a la escuela
secundaria, la ley federal la fracturó (rompecabezas EGB3
+ polimodal + TTP) e intentó reducir el espacio de los adolescentes
a sólo tres años (el polimodal). Pero no basta recuperar
los años quitados por la primarización del tercer
ciclo: hay que tener planes de estudio integrados, coherentes y
con alguna orientación, no con la ambigüedad y artificialidad
con que se implementó el polimodal.
Las EGB 3 que
se abrieron en escuelas primarias, más allá del tema
del séptimo, que quede en la primaria o no, deben pasar a
depender del nivel medio con un vicedirector a cargo. Deben volver
las disciplinas como historia, geografía, física,
biología y otras eliminadas en Santa Fe -no así en
otras provincias como Córdoba-.
Pensar en los adolescentes
La secundaria que viene no puede ser una vuelta a la vieja secundaria
ni un salto al vacío con recetas elaboradas por los "expertos"
de siempre. Debe repensarse, casi diría refundarse, centrándola
en los adolescentes y sus aprendizajes, y no organizándola
en función de intereses del gobierno de turno (que prioriza
la caja chica) ni en función de los intereses corporativos
docentes, como ocurrió con las reubicaciones en estos años.
Debe garantizar
una educación de calidad para que la juventud pueda continuar
sus estudios superiores si lo quiere y puede, o insertarse en el
mundo del trabajo y por sobre todo formadas como buenas personas
y ciudadanas, solidarias y responsables. Esto requiere de una propuesta
motivadora y de las inversiones de todo tipo necesarias (en capacitación,
cargos, infraestructura, equipamiento). Por supuesto que no se logrará
de un día para el otro, tal el atraso, pero sí deben
estar claras las tendencias y los compromisos, que deben ir más
allá de la gestión política de turno, terminando
con el modelo actual de que cada ministro/a y su séquito
viene con su librito y arranca como si lo anterior no sirviera de
nada y hace y deshace sin consenso.
La obligatoriedad
de la secundaria no debe implementarse como se hizo con la EGB,
pues retención a cualquier costo es una forma de estafar
a los alumnos y padres, que falsamente creen que van bien porque
pasan de año pero esconde un esquema de ignorancia garantizada
para un sector de nuestro pueblo. Debe existir retención
con calidad y para ello consensuar un modelo de escuela y de responsabilidad
del Estado, claramente establecida, pero también responsabilidad
de los padres, de la sociedad en sus diversos actores, de los docentes
y de los alumnos.
Se tiene que
terminar el actual modelo esquizofrénico, con distintos sistemas
de evaluación, promoción, currículo y régimen
de disciplina y convivencia dentro de cada escuela. Por poner un
ejemplo, en las escuelas medias y técnicas hoy conviven un
currículo "areal", otro "disciplinar"
y otro "modular", lo que por supuesto conspira con la
integridad e identidad, baja los aprendizajes, desconcierta a docentes
y alumnos, y termina cada uno haciendo lo que quiere o lo que puede.
La lista de
cosas necesarias podría seguir, pero tal vez la primera señal
que esperan muchos es que aquellos que nos impusieron la ley federal
y defendieron su modelo y hoy ocupan cargos de poder tengan la honestidad
de reconocer que se equivocaron y que dañaron al sistema
educativo o si no lo quieren hacer, que den un paso al costado pues
no son creíbles para garantizar la implementación
de la nueva ley, siempre y cuando, naturalmente, querramos que sea
nueva y no más de lo mismo.
(*) Docente
de escuelas técnicas y
de la UNR, ex
director provincial
de Educación
Media y Técnica.