Construyamos una contracultura para el nivel medio La confianza como asignatura pendiente del secundario Fernando Pisani (*)
Desde hace cincuenta
años, el modelo tradicional de la educación secundaria entró en
crisis. Durante los '80 y los '90 los teóricos más afamados, los
sectores hegemonizantes de la “Academia”, de diversos lugares del
mundo, pregonaron sus |  |
recetas y lograron imponer sus reformas de la
mano de neoliberalismo y del dominio de la versión “postindustrial”
del capitalismo salvaje, agravando viejos problemas y descoyunturando
al sistema educativo argentino.
Hoy aquellas reformas no
están vigentes y, si bien ya van a cumplirse cinco años de la
aprobación de la Ley de Educación Técnica devolviendo a esas
escuelas su identidad, y casi cuatro de la Ley Educativa Nacional, en
gran parte del país continúa vigente la estructura de la LFE, con
un regreso cosmético a las antiguas denominaciones. Sólo en algunas
pocas provincias, con nuevas leyes provinciales, comienza a salirse
muy lentamente de aquel nefasto modelo, aunque no les resultará
sencillo. Y menos aún si no están bien identificados los verdaderos
problemas.
Los tóxicos emitidos por
la planta de celulosa de Botnia han superado las 38.000 toneladas, a
pesar de las protestas de los ambientalistas de Gualeguaychú. Y con
menos prensa, miles de industrias de todo el país contaminan el
ambiente y los rios. Y no hablar de los dueños de la tierra
argentina: al transitar por las rutas de la pampa húmeda ya no se
encuentran pájaros ni mariposas. Ya no más lechuzas en los postes.
Control de plaga le llaman. O fertilizantes.
Sin embargo, a largo
plazo, para Argentina, quién mayor cantidad de productos tóxicos
produce, sin olor y sin efectos físicos evidentes, son las usinas
académicas hegemónicas, que llevan años contaminando el sistema
educativo, tornando irrespirable sus aires, destruyendo su ecología,
creando dependencias, lucrando de él. Asesorías y cursos para
vender una reforma, asesorías, cursos y gestión para implementar la
reforma. Luego lo mismo para criticarla y salir de ella, para
producir una contrareforma que deberá ser implementada, y así en
una cadena que pretenden perpetua.
De esta forma, a los
problemas tradicionales que tenía el sistema educativo de nivel
medio, se le agregaron otros que tienen una “virtud”: impiden la
resolución de los anteriores. Un resumen esquemático y
elemental con las demandas de la sociedad, la universidad y el mundo
del trabajo hacia la escuela secundaria incluye los siguientes
objetivos:
1) Que todos terminen la
secundaria, objetivo que no se cumple. 2) Acerca de los que
finalizan: a) La universidad.
Pide mayor manejo en la resolución de problemas y en la
interpretación de textos, una buena base de lengua y matemáticas y
que dominen técnicas de estudio. b) La empresa. Si
bien reclama mayor conocimiento técnico, muchas veces se conforma
con que los egresados sean ordenados, responsables, voluntariosos y
metódicos (Dialogué con cientos de empresarios y visité cámaras
industriales, y al principio quedé asombrado que lo que pedían de
los jóvenes era limpieza, orden y puntualidad, “lo demás se lo
enseñamos nosotros”) c) La sociedad en
general. Que dominen correctamente la expresión oral y escrita,
que sean tolerantes y que conozcan, defiendan y respeten sus derechos
y obligaciones como ciudadanos. |
No parece demasiado. Sin
embargo, a pesar de los miles de millones de dólares invertidos (o
despilfarrados) en el sistema educativo, de los miles de cursos
realizados por cientos de miles de docentes durante muchos años; de
los enormes sacrificios institucionales y docentes para “amoldarse”
a las recetas, a las reformas y de la resignación de los alumnos
sobre los cuales se aplicaban fórmulas, métodos, procesos, no hay
cambios significativos y los problemas subsisten.
Y es de lavarse las manos
atribuir este fracaso a la situación económica y social. Porque si
bien es cierto que la escuela no puede ni podrá resolver el problema
social, existen millones de chicos que sí ingresan al sistema
educativo, que permanecen en él de doce a catorce años y, sin
embargo, para muchos su deficiente formación dificultará su
inserción tanto en la universidad como en el mundo del trabajo. ¿El
sistema educativo no tiene resoponsabilidad en todos estos chicos y
chicas?.
En este texto nos
centraremos en las problemáticas específicas, dejando de lado las
cuestiones estructurales que son condicionantes y no dependen de la
escuela. (Para no reiterarme, tampoco trataré los aspectos que
expongo en la revista Novedades Educativas N° 207, BsAs, marzo de
2007 (“Aspectos estratégicos para una secundaria de calidad para
todos”).
Pero, antes de seguir,
una aclaración. Hablar de una problemática general y extendida no
implica desconocer que en algunas localidades, instituciones y/o,
sectores de alumnos, hay buenas experiencias con resultados
satisfactorios, donde los alumnos y alumnas egresan con una formación
que cumple con esas cuestiones que definimos como mínimas y más
aún. Lo que por otro lado muestra que se puede. ¿Pero por qué no
se puede para una parte del sistema educativo? ¿Por qué las
supuestamente esperanzadoras reformas fracasan? ¿Fracasan?. ¿Por
qué hoy estamos con los mismos problemas que los enunciados en el
Segundo Congreso Pedagógico (1988) y aún otros nuevos y más
graves?
No hay que evadir la
respuesta central: Los problemas no se resuelven porque hay fuertes
intereses en que no se resuelvan. Es como la carrera armamentista.
Mientras haya industrias vinculadas a la producción bélica, habrá
guerras. Mientras sectores poderosos se beneficien con la guerra,
habrá guerras. Mientras haya territorios para conquistar o dominar,
habrá guerras.
El problema del sistema
educativo no es de gestión (ni del ministerio, ni de la región, ni
de la escuela, ni del aula, ni de los contenidos, ni de alumnos);
tampoco es un problema técnico, ni de planes de estudio, ni de
didáctica, ni de “marcos téoricos” o “modelos de
enseñanza-aprendizaje”, ni de falta de motivación de los alumnos
y alumnas, ni toda una larga lista de problemas (que existen y hay
que resolverlos, no lo dudo, pero están a otro nivel de
responsabilidad).
El problema central del
sistema educativo es político. No político en el sentido
tradicional y común de qué partido o grupo de poder está en el
gobierno (Si bien hay gobiernos más interesados en mantener el
problema -aquellos dependientes de los grandes dueños del país, tal
como se ha visto en la historia-, y otros que han intentando o
intentan resolverlo aunque sea a medias). Tampoco político en el
sentido sindical (aunque por supuesto el aspecto salarial y las
condiciones laborales tienen influencia en problema y en las
soluciones),
En este marco crítico,
emerge una y otra vez un interrogante: ¿Cuál fue el “aporte”
que hicieron los “especialistas” y “teóricos” educativos de
las principales usinas ideológicas nacionales e internacionales
para crear mejores condiciones para que el problema central que
tenemos no se resuelva?
Se transformaron en un
Caballo de Troya que introdujo la lógica del mercado en el sistema
educativo. Coherente con el movimiento tecnocrático que se había
iniciado años antes con Onganía, continuaron aquel proceso de
despolitización, instaurando como ejes centrales la problemática de
la gestión, de la eficacia, de la eficiencia. Marketing educativo,
oferta educativo, alumnos y padres como consumidores y clientes,
producto y objeto, etcétera.
El Estado debía
reducirse. Así la Nación abandonó sus servicios educativos, con el
modelo del Estado Ausente y el estímulo a la “iniciativa privada”
Desde finales de la
década de los '50 a nivel mundial, la tendencia fue que la mayor
cantidad de trabajadores ya no pertenecía a la industria y a la
producción, sino que el sector de servicios pasaba a ser el
preponderante. Para convalidar y fortaleceresa tendencia era
necesario crear un mercado de servicios en Argentina, imponiendo
nuevas “necesidades”. En este marco, el saber docente fue
totalmente devaluado. Las posibles “desactualizaciones” o
carencias, se transformaron en obsolescencia: Los docentes “debían”
aprender la nueva terminología, los nuevos “marcos teóricos”,
los nuevos “espacios curriculares”, “reconvertirse” al
modelo, que entre otras características perversas obligaba a dejar
las disciplinas para desarrollar enseñanza “areales”,
principalmenteen los dos primeros años de la secundaria, como parte
del proceso de primarizacion del nivel secundario.
Y si surgían dudas o
críticas, las respuestas llegaban en formas de amenazas: quien no se
capacite no tendrá créditos, quien no tenga créditos (o puntos) no
podrá permanecer en el sistema y podrían perder sus cargos. El
miedo y la inseguridad reemplazaban a los argumentos.
Asi se potenció a
niveles inauditos la “industria” de los cursos, de las
certificaciones, los postítulos y florecieron “especialistas” e
instituciones de todo tipo, en muchos casos montados en las nuevas
tecnologías. Las universidades públicas y privadas también
ingresaron al mercado de la capacitación docente para buscar nuevos
recursos económicos. Un enorme movimiento de márketing y negocios
para “dar respuesta a esa demanda educativa insatisfecha”.
La escuela pública es
atacada y crece la enseñanza privada. Y con esta afirmación no
manifestamos que la enseñanza privada no debe existir. Nuestros
chicos son nuestros chicos no importa a qué escuela concurran. Y los
docentes igual. Es más: los docentes dependientes de una empresa
tienen menos libertades que los de la escuela pública, son
presionados y reprimidos de forma que no se admitiría en una escuela
pública, pero durante varias décadas, ceguera sindicalista
mediante, las huegas prolifereaban en las escuelas públicas mientras
que se impartían clases en las privadas. No hay que ser adivino lo
que pasó. Ah!, por si le quedan dudas, los que manejaban el sistema
educativo, los "especialistas" y "técnicos" y
Ministros/as, si tenían tenían hijos e hijas, en su mayoría lo
enviaban a la escuela privada. Y si era bilingue mejor.
El embate contra el
Estado (recordar en los sesenta y setenta el sello en la frente de
culpable a la industria nacional y a las empresas del Estado para
lograr su privatización), fue también un embate contra sus
empleados, acusados de todos los males habidos y por haber. Y los
docentes no fueron exculpados. Esta situación contribuyó para que
perdiesen autoridad. Con reforma de los noventa el deterioro se
aceleró con la devaluación de sus saberes, fundamentalmente sus
saberes cotidianos. Es cierto que otros factores contribuían para
que la situación se agravase (la recomposición social provocada
por el deterioro de los sectores medios, la devalorización del rol
docente en los grandes medios, principalmente a través de la
programación y la publicidad de la TV, etcétera), pero la clave hay
que buscarla en el propio sistema educativo y en las políticas
impulsadas: lejos de contrarrestar la tendencia a la pérdida de la
autoridad del rol docente, la incentivaron y aceleraron.
Y no es cualquier tema.
Porque hace al alumno y sus aprendizajes. El alumno está
permanentemente acusado de falta de motivación (puedo dar fe: todos
los años en todos mis cursos les hago llenar una encuesta y también
dialogo con ellos sobre qué cosas les interesa o gusta de la
escuela: nada, hasta “el recreo” ha perdido posición y tampoco
aparece. Pero, como triste atenuante, tampoco son muy entusiastas sus
respuestas sobre cuestiones extra escolares.)
No obstante es un
diagnóstico superficial: el alumno sí tiene motivaciones, sí tiene
intereses. Tal vez no las sostengan constante y disciplinadamente o a
veces parecen ciclotímicos, pero resulta maravilloso trabajar con
ellos cuando el adulto logra identificarlos. Claro: hay que llegar.
Y será meramente superficial cuando se “llega” con facilismo y
falsa amistad o cuando el cinismo de “Hagan de de cuenta que
enseño, mientras hago de cuenta que aprenden” licua contenidos,
reduce o anula los niveles de exigencia, “haciéndoso fácil” o
“democratizando” el proceso educativo.
A pesar de que no resulte
elegante como forma de expresión, el docente debe “introducir” y
“poner” contenidos en el aula. Los contenidos que los
estudiantes deben aprender no puede surgir de una negociación o una
votacion pactada con los docentes, ni debe enseñarse sólo lo que
supuestamente les interesa. No debe confundirse el reconocimiento de
los saberes previos e intereses de los alumnos como punto de partida
para la planificación didáctica, con la desvalorizacion de la
intervencion docente al limitar su rol al papel de “facilitador”
o “motivador”, Es hora de superar las retóricas de un falso
constructivismo o de un constructivismo extremo y de los argumentos
de los “especialistas” de los '90, que provocaron la licuacióon
de contenidos y desdibujaron el rol docente. No obstante, para que se
produzca una buena relación docente-alumno y para que exista un buen
aprendizaje deben resolverse dos cuestiones fundamentales
relacionadas con la pasión y la confianza. Sobre la pasión no me
voy a extender: todos sabemos que si nos sentimos apasionados (por un
tema, un problema, una situación) y sostenemos ese sentimiento
frente a los alumnos, la clase es hermosa y el tiempo pasará
placentero para dosos. (Introduzco deliberadamente el concepto de
hermosura para recuperar otras miradas que se diferencien de los
espacios estrictamente “precisos”, “pertinentes” e
impolutos que las usinas técnicas y académicas instentan instalar
con exclusividad en el discurso pedagógico)
Si bien la pasión
presenta un gran componente personal, afectado muchas veces a favor o
en contra por el clima institucional, social, condiciones de
trabajo, etc, no ocurre lo mismo con la confianza.
Un reclamo muy extendido
entre muchos los docentes es que los alumnos no los respetan, y
algunos añoran situaciones de antaño donde una mirada bastaba para
imponer el silencio. Es cierto, ya no se recoge el mismo respeto y
hay lugares donde mantener la disciplina representa un gran esfuerzo.
Pero aún cuando con una varita mágica pudiéramos retrotraernos a
un aula ordenada y silenciosa mientras se imparte la clase en la que
el alumno o alumna no respondan irrespetuosamente nuestros diálogos,
la situación de aprendizaje sería similar, porque no es un problema
de falta de respeto o de que se respeta menos al docente. Es un
problema de confianza.
De alli también
provienen los errados intentos para “motivar”. Tampoco el tema
pasa por la falta de motivación del alumno (o de nosotros como
docentes, de lo que pocas veces se habla). Es un tema de confianza.
El alumno no confia en que el docente pueda enseñarle algo
provechoso para su vida. El docente no confía en que el estudiante
quiera (o pueda) aprender todo lo que necesita o exige su programa.
El Ministerio no confía en sus docentes. Por supuesto que exagero:
no en todos los casos, con todos los docentes o con todos los alumnos
o en todo momento es así. Estoy refiriéndome especialmente respecto
a los cientos de miles de adolescentes que "fracasan" o que
finalizan el nivel sin una buena formacion.
Reparen ustedes,
estimados lectores, que escribí adrede “fracasan”. “Fracaso
escolar”, “deserción”, “Deserción Cero”: es la manera
discursiva que los especialistas y técnicos, -y las argumentaciones
de politicos del sistema educativo-, encuentran para eludir las
responsabilidades y transferírselas a los alumnos y alumnas. El
alumno deserta, no es que el sistema lo expulsa. El alumno fracasa,
no es que fracasamos los adultos y el sistema que estamos
manteniendo. Obviamente, la susistencia de estos conceptos también
permite que continúe el gatopardismo reinante.
Pero regresemos a la
confianza. A diferencia de la pasión, la confianza tiene un mínimo
componente individual: es básicamente una construcción social y
política. Por más que el docente bregue por construirla, es una
tarea de Sísifo cuando enfrente tiene diversos poderes en contra que
permanentemente minan esa confianza.
| En
cualquier escuela,
cuando el padre o la madre va a quejarse por la mala nota a su hijo,
porque se lleva a rendir una materia o porque repite, está
contribuyendo a (y forma parte de) la caída del nivel de
exigencia, de la licuación de
contenidos y fundamentalmente del ataque al rol docente, minando además
las relaciones de confianza. Ni aún en el caso de una
evidente arbitrariedad del docente es la solución: que le enseñen a sus
hijos a defender sus derechos, a peticionar, a formar centros de
estudiantes o a cortar la entrada si es necesario, no ocupar su lugar
y desconfiar de sus capacidades y a crear dependencias.
| |
Fuera del sistema
educativo encontramos los diversos partidos, medios de difusión e
ideologías que buscan (y logran) colocar al Estado al servicio del
mercado, de los intereses económicos concentrados y corporativos.
Reparemos en gran parte de la programación y la publicidad
televisiva, en las políticas neoliberales hegemónicas a nivel
mundial, las políticas de ajuste, la crisis de valores, la crisis de
la familia, la promoción del facilismo.
Dentro del sistema
educativo, gran parte de los sectores académicos que hegemonizan
desde hace años la “producción” teórica y las propuestas de
política educativa, impiden la generación de confianza. En
particular aquellos sectores académicos y técnicos vinculados al
Estado que, articulados al mercado de capacitación y actualización,
medran de la industria del puntaje y de las certificaciones,
requiriendo la obsolescencia permanente de los “saberes” para
continuar vendiendo más cursos, carreras y diplomas a los docentes y
al Estado. También venden a este propuestas institucionales,
proponen cerrar ciertos institutos públicos para propomover la
aperturas de otros, o lanzan programas, CBC, NAP y contenidos de
escritorio. Obviamente esta mirada crítica también enfoca muchas de
las politicas educativas y funcionarios de turno, las inercias
burocráticas, incluso de la propia institución y los prejuicios
dominantes dentro de la propia institución educativa y de nosotros
mismos como docentes.
Hay que terminar con la
hipocresía y el palabrerío para evitar que se prolonguen
situaciones que tienen soluciones diectas y sencillas. Podría
recurrir a una extensa lista de ejemplos para confirmar que los
problemas reales no se resuelven con recetas de laboratorio
| | Recuerdo que tras mucho
batallar, a principios del 2005, finalmente logré que las
autoridades de la provincia de Santa Fe permitiesen por decreto
provincial que los alumnos que terminaban el 9no año y adeudaran una
o dos materias pudieran pasar al 1er año del Polimodal Entonces, gran parte de
los directivos de la ciudad de Rafalea, a traves de medios de prensa
oral y escrita, me acusaron por aquella medida que deshacía una
decisión de la implementación de la Ley Federal, de estar
degradando la escuela secundaria, rebajar su nivel y promover su
destrucción. Las críticas eran
demasiado exageradas pues en realidad yo no había hecho más que
restituir algo que siempre había existido en la secundaria: que se
podia pasar de segundo a tercer año adeudando hasta dos materias.
Desde que asumí como director provincial en el 2004, veníamos
criticando la Ley Federal vigente y de la aberración que significaba
que un chico que llegaba a 9no y adeudaba una o dos no sólo no podia
pasar al Polimodal, sino que tampoco repetía, quedaba en la nada,
fuera del sistema. Lo socialmente criminal que significaba que
alumnos que habían aprobado el 7mo y habían abandonado en el 8vo o
en el 9no, no tenían ni siquiera el certificado de Primaria que les
correspondería antes, y quedaban y quedarom sin ningún tipo de
certificación socialmente reconocida (decenas de miles de
adolescentes y no tanto, hay en Santa Fe víctimas de esos
sabelotodos académicos y me imagino en otras provincias.) Bien. Me reuní con todos
los directivos de la ciudad y le manifesté que fueran sinceros y que
plantearan concretamente qué es lo que ocurría: “No queremos
atender a los padres” respondieron. ¿Qué pasaba? La ciudad
padecía un sistema colapsado, al punto que había escuelas que no
aceptaban ni sus propios repetidores porque si no no habría lugar
físico para los que venian del año anterior. La situación se
agravaba con esta medida, al sumarse un nuevo contingente de chicos
que hasta ese momento quedaba en la nada. “¿Si a los padres
los atiende la Regional ustedes no tendrían inconvenientes?”.
“No” fue la respuesta.
En un descanso de la reunión, con la directora Regional que estaba
presente, le manifesté: si yo consigo las horas, ¿vos conseguís
un lugar? ¿Y los trámites para abrir una escuela nueva?: "hacemos
un anexo de la Técnica, así no hay necesidad de directores,
seguramente la Técnica estará de acuerdo. Luego vemos cómo
resolvemos el problema burocrático". Y la directora
regional se la jugó. Esto a más de un mes que
habían empezado las clases. En una semana se alquiló una casa, y
días después ya estaba repleta de chicos: tres divisiones de
octavo, tres de noveno, no recuerdo si una o dos del Polimodal, hasta
que la casa se llenó. Y sin publicidad ni difusión. ¡Quién sabe
cuántos chicos quedaban aún afuera!. ¡Y los que vendrían quedando
afuera desde hace años! (los trámites para construir una nueva
escuela estaban iniciados hace años) | |
Así podría poner una
larga lista de ejemplos que evidencian los problemas reales que
tenemos que no se resuelven con recetas de laboratorios. Si hubiera vocación de
resolver el problema del sistema educativo, más que nuevas teorías
e innovaciones diversas, habría que hacer una tabla con las
cuestiones que fomentan la confianza de los alumnos al docente y con
las que promueven la desconfianza. Otra similar del docente a sus
alumnos. Otra del docente hacia sus autoridades y viceversa y
finalmente una del Ministerio hacia sus escuelas y viceversa. De allí
sale fácilmente un Programa de intervención, que será la
base de una política educativa que no le escape el bulto a los
problemas, ni disfrace con hipocresía su falta de voluntad y pasión.
| Estigmatizar es más
sencillo Durante una experiencia
de pasantías en el Gran Buenos Aires, un alumno hurtó algo (un
repuesto creo) del lugar donde trabajaba. En la escuela, como
castigo, el joven alumno fue obligado a buscarse otra escuela y de
entonces se suspendieron las pasantías para el resto de los alumnos.
¿Y la escuela como lugar donde los alumnos deben aprender a decidir,
a tomar responsabilidades, a ejercer su libertad?: Con este perfil
institucional, la escuela se transforma en culpa y castigo, generando
más desconfianza para todos y sobre todos. Pues ¿qué mensaje
reciben de sus docentes y autoridades a los demás alumnos que ven
interrumpidas sus pasantías y ya nunca más podrán hacerlas?: "No
confiamos, ustedes son potenciales ladrones". Y de las
autoridades a los docentes a cargo de la pasantía: "No
confiamos en su capacidad de educar y formar a los alumnos, ni de
orientarlos en sus problemas". Y al alumno "ido
voluntariamente" (expulsado): "Sos una mala persona,
irrecuperable, no queremos manzanas podridas que pudran al resto.
Arreglátelas por tu cuenta". | |
De hecho, la desconfianza
hacia los saberes de los docentes no sólo es un obstáculos para la
relación de Ministerio-institución escolar-docentes-alumnos, sino
un despilfarro escandaloso de recursos, conocimientos y soluciones.
Porque todo docente y toda escuela, aún las más humildes, cuentan
con experiencias valiosas que podrían aprovecharse y replicarse en
otros lugares. Producen contenidos (una clase, un apunte, una prueba,
una situación problemática) que mueren en el aislamiento, en la
falta de reconocimiento y apoyo, aunque sea moral. Y no hay
construcción colectiva. Claro, debe quedar en manos de los
especialistas. Salvo en algunos casos
aislados, -como puede ser es espacio que brindan algunas revistas
educativas o en alguna lista de correo-, todo queda y muere entre las
cuatro paredes. Incluso pasa que ni siquiera los docentes de una
escuela en la que imparten las mismas materias conocen y comparten
las estrategias que desarrollan sus colegas. Son prácticas
instaladas por el propio sistema y tienen su sentido para defender un
status quo que garantizará el ejercicio del poder y, obviamente,
defender el "verdadero saber" del experto, del técnico,
del especialisa, que intentará prolongar su monopolio. La historia sería otra
si pudiéramos promover y sostener la circulación de experiencias y
aportes transformándolas en usinas para la producción educativa y
el diseño de políticas para el sector, en reemplazo de las
contaminadas, contaminantes y costosas usinas de los mercaderes de la
educación, la historia sería otra. Para ello, los funcionarios
tendrían que superar sus temores para abrir el juego real a los
docentes, para generar la participación real de los colegas que se
desempeñan en las aulas vecinas, pero no tienen lo pergaminos ni las
publicaciones acumuladas de los "expertos" que los
encandilan con el brillo de la "fama". Además, obviamente,
deberán vencer celos e individualismo que crece en todos los grupos
humanos en sociedades como la nuestra. Los dueños reales de la
Argentina y del mercado mundial necesitan consumidores y usuarios.
Pretender disfrazar y ocultar la situacón adicionando adjetivos como
"críticos", "creativos", "inteligentes"
no altera la esencia comercial de sus intenciones. Y su fomento de la
dependecia. Para contrarestar y enfrentar esta situación se
requiere la formación de productores. Productores en el
sentido más amplio del término. Sin embargo, el docente estará
inhibido para formar y promover un perfil de alumnos si él mismo no
lo ejercita por su cuenta. De allí que se intente despojarle su rol
de productor, desconocérselo, para que no pueda ejercerlo
masivamente.
El tema de este escrito
recién empieza. El espacio es tirano La confianza es fácil de
perder y de destruir y lo más dificil de recuperar o de construir.
No habrá escuelas secundarias de calidad para todos si se construyen
sobre bases de arena, sobre la base de la desconfianza.
Quienes detentan el poder
real del sistema educativo y lo vienen manejando desde hace años,
bajo distintos gobiernos de diverso signo, además de propiciar la
consigna "divide y reinarás", establecen la dependencia
hacia sus funciones y atribuciones. El tema es complejo y no será
fácil desalojarlos de sus poderes y privilegios. Pero tampoco es
imposible si comenzamos a construir otro tipo de relaciones entre los
docentes, reconociendo y valorando sus saberes, fortaleciendo otro
tipo de lazos, rompiendo los aislamientos, estimulando la producción
colectiva. Estas actitudes no provocarán necesariamente un
enfrentamiento con los funcionarios de turno, salvo que pertenezcan
al estabilishment académico. La mayoría de los funcionarios buscan
primordialmente alejarse de los conflictos, aspiran que las ensiones
o problemas se "resuelvan" para perdurar en sus cargos. Los
contratos con los "técnicos" y "especialistas"
generalmente preexistentes a su gestión, ofrecen una sencilla
solución que les permite dedicarse a lo que les interesa: las
relaciones públicas, el protocolo, la presencia mediática,
relegando el manejo de la cuestión educativa a "manos
expertas", aunque, obviamente, sin reconocer lo que ignoran
mientras sus nombres y firmas continuen apareciendo al pie de los
documentos oficiales. Finalizando, si tuviera
que resumir en cuatro palabras lo que hay que “poner” para salir
de la actual situación, elegiría como consigna cuatro palabras que
empiezan con C: Contenido, Confianza, Compromiso, Cariño
(*) Lic.
Fernando J. Pisani
Docente
de escuelas técnicas de Rosario y de la UNR
Ex
Director Provincial de Educación Media y Técnica de Santa Fe
fjpisani@intercol.org.ar
www.intercol.org.ar/fjpisani/ Artículo publicado en la revista Novedades Educativas. Buenos Aires. Año 22 Nro 232, páginas 4 al 8. Abril del 2010
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